¿DEMOCRACIA?


Rodrigo Valencia Q ©
¿Democracia? Palabra distractora, no conocemos el hecho; tiene rostro de máscara, voz de titiritero. Los griegos hablaron de ello, pero tuvieron varios tiranos, y el mundo entero también. Ellos se ponen de moda, alzan los brazos, saludan con tremendos discursos, evocan a los héroes de antaño empañando su memoria.
El mundo entero se escuda en el término, porque democracia suena bonito, pero el destino la impide, desmiente, clasifica entre las marcas de la mentira. Lamentos, guerras, abusos, reclamos proclaman su falacia, su pleno blindaje ante las circunstancias. Y mientras el dictador baila y mira con ojos de fuego, el pueblo grita, se amotina, hace perpetuo y justo reclamo, visibiliza su máximo descontento; la realidad es un cerco punzante, los atropellos y represión al pueblo continúan. Pero no hay oídos ni ojos ni voces en acuerdo con la inteligencia, la razón, la cordura. El tráfago, el prurito, la fiebre de poder mantiene su perfil inviolable. Es un vicio el poder; sólo el tronante custodio del pueblo decidirá en su solio de caprichos y demagogia para aplausos serviles. Las proclamas histriónicas del mandatario son única ley, régimen para perdurar el desbarajuste, la quiebra, la muerte. Porque aumentan los muertos, las calles son río humeante de reclamos, acusaciones e himnos fallidos. De nada valen los himnos ante el vandalaje del tirano Maduro, que también los canta con voz de pelele. Cunden amenazas, por una parte, y medidas mentirosas por otra, aumentando salarios y promesas salvíficas a los trabajadores adictos a un sistema corrupto. El dictador baila soberbio, mientras la historia registra los peores momentos de un otrora reino próspero, Venezuela. Su nombre es hermano nuestro, su dolor también. Ojalá la oscuridad de los tiempos termine para la querida nación hermana. Ojalá termine esta inmerecida horda de brutalidades y represión que va castigando en crescendo la piel de Venezuela.
¡Que el destino y los cielos oigan los gritos del pueblo!
RVQ



