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Jueves, 15 de octubre de 2026

Democracia española: cómo me tocó vivir y compartir con miembros del GRAPO

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Democracia española: cómo me tocó vivir y compartir con miembros del GRAPO

Imagen: https://elpais.com

Democracia española: cómo me tocó vivir y compartir con miembros del GRAPO

Democracia española: cómo me tocó vivir y compartir con miembros del GRAPO

Tuve la fortuna de hacer parte de la transición democrática española viviendo en Madrid entre 1978 e inicios de los 80. La mayor gracia fue haber tenido un alcalde socialista de la talla del entrañable profesor Enrique Tierno Galván. Tal vez de un talante personal y profesional más alto, por ejemplo, que el de Antanas Mockus, fue reelegido y murió siendo alcalde de Madrid. Hizo para la historia una de las mejores alcaldías de Europa.

Por aquella época el primer gobierno democrático posfranquista le correspondió presidirlo a un partido de centro la UCD (Unión de Centro Democrático) en cabeza de Adolfo Suárez. Se enfrentó entre otros al PSOE (Partido Socialista Obrero Español) que por esa época sí era de izquierda, al PCE (Partido Comunista Español) y al grupo falangista de Manuel Fraga Iribarne la ultraderechista AP (Alianza Popular) hoy convertida en el PP y VOX.

Fueron tiempos de gran democracia y del renacer de una izquierda legítima representada en nuestro alcalde Enrique Tierno. Más adelante vendría Felipe González, la metamorfosis cuasi al centro se inicia con Zapatero y se consolida con Pedro Sánchez, que es realmente la derecha de la izquierda española o lo que llamarían expertos un prototipo neoliberal. Un centro conveniente. Los residuos de la anterior izquierda lo encarna Podemos (Unidas Podemos) en cabeza de Pablo Iglesias.

No fue nada fácil esa transición de la dictadura de Franco a la democracia, tal como posiblemente esté ocurriendo en Colombia, cuando vivimos ese periodo del ‘posacuerdo’ con las Farc. Ataques mutuos se siguen presentando y fuerzas oscuras se manifiestan. Eso pasó en España con los conocidos grupos terroristas: la ETA y el GRAPO (Grupo Revolucionario Antifascista Primero de Octubre). Fue un periodo difícil por cuenta de múltiples atentados, que cobraron muchas vidas y causaron evidentes estragos.

Como han pasado casi 40 años, hoy puedo contar un secreto que tenía guardado. Era un universitario corriente, simpatizante del PSOE y militante del movimiento NO NUCLEAR, fuimos los primeros grandes ecologistas del mundo, incluso más que Greenpeace (del cual hoy hago parte). Vivía en la céntrica calle madrileña Meléndez Valdés, paralela a Fernando el Católico donde se ubicaba el restaurante “La Tuna”. Allí trabajaba en las tardes lavando platos.

Entre los compañeros de piso, aparte de un par de colombianos, estaban dos españoles entrañables, que eran mis buenos amigos: Jorge y Antonio, que se suponía como yo, estudiaban en la Universidad Complutense, bordeaban los 21 años. Compartía con ellos ya que eran amigables, casi todos los días jugábamos ajedrez y casi siempre me ganaban. Además analizábamos temas coyunturales y de actualidad.

Un día de improviso se mudaron, algo para mí inexplicable. No los vi más, desaparecieron sin dejar rastro. Por esos tiempos los atentados terroristas por cuenta de ETA y el GRAPO estaban vigentes y eran noticia cotidiana. Entre ellos se presentó un terrible asesinato en la calle Felipe II de Madrid del magistrado presidente de la Sala Sexta del Tribunal Supremo, Miguel Cruz Cuenca. Y aún seguía fresco el atentado del jefe de gobierno franquista almirante Luis Carrero Blanco, perpetrado por la ETA cinco años atrás con una enorme explosión.

Pero un día nos sorprendimos con las noticias cuando informaban que habían capturado a los autores del magnicidio de Cuenca. Fue estremecedor ver la foto del que se suponía mi buen amigo Jorge en la tele y en los diarios. Según los informes era el jefe del comando de los GRAPO, y su nombre real era Adolfo Caballero Carbonell señalado como el autor material. Antonio, el otro compañero, también había sido capturado y su nombre verdadero era otro que desconocía.

No tardó en llegar la policía a nuestro piso a buscar rastros de los ‘terroristas’ y a indagarnos por si teníamos que ver con el comando liderado por “Jorge” (Adolfo Caballero). No encontraron nada, jamás sospechamos ni vimos nada irregular en ellos. No nos fastidiaron más, el asunto para nosotros no pasó a mayores. Ni siquiera tomaron nuestros datos, incluso a pesar de ser extranjeros.

Luego conocimos los pormenores del atentado; según el fiscal de la acusación el 9 de enero de 1979, Adolfo Caballero, Ana María Sánchez y Raúl Calero, robaron un coche a punta de pistola, y con él se trasladaron a las inmediaciones del domicilio de Cuenca, en la calle de Felipe II. Cuando el magistrado salía de su casa, Adolfo Caballero se acercó a él y le disparó por la espalda. Luego huyó en el automóvil robado conducido por Ana María Sánchez. Todos fueron capturados.

Más adelante, sin olvidar nuestra amistad independiente a su cuestionable proceder, decidimos visitarlos en la cárcel de Carabanchel. De regalo les llevamos un ajedrez. Allí esta vez los enfrenté y les gané la partida. Más tarde fueron condenados, hoy disfrutan de libertad, totalmente transformados y rehabilitados para para bien, como sendos profesionales. Pero jamás pude imaginar, en su momento que unos de mis mejores amigos en España, eran nada menos que dos poderosos miembros del tenebroso GRAPO, nunca lo sospeché, pero sin querer tuve que vivir y compartir con ellos.

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