Del rito al estándar


Reconocer que la comunicación es un fenómeno social por naturaleza que se usa para la vida en sociedad es tan útil como saber que los enunciados son la unidad básica de la lengua, y que permiten establecer determinadas formas de relacionarse con el otro. Por ello, rituales como los alabaos, las décimas, los romances, por mencionar algunos, propios de la oralidad afropacífica permiten integrar la realidad de manera cognitiva, posibilitando, no sólo, la ejercitación de la inteligencia.
En otras palabras, los distintos escenarios representativos que propiciaran la interacción con el otro, motivarían las manifestaciones metafóricas discursivas que hablan de la condición humana en aras de construir, en comunidad, ideas sobre el mundo siendo susceptibles al cambio. Esta realidad provoca catarsis en tanto no sea castellanizada.
Hoy vemos con asombro, la agonía de un fenómeno producido por una experiencia vital profunda desde el mismo momento en que el término estándar ingresó al contexto educativo para medir las capacidades y/o las competencias de los niños, las niñas y los jóvenes en su proceso de escolarización. Para juzgarlos junto con las instituciones educativas en donde lo vivencian orientados hacia la evaluación de la calidad educativa.
Recordemos que antes de tener en nuestras manos el Documento número 3 editado por el Ministerio de Educación Nacional en el año 2006, este término es usado en las fábricas que producen en serie para identificar las características particulares de los productos y definir el uso en los espacios correspondientes. Tal cual se traslapó al sistema educativo colombiano homogenizando a muchas personas con características diversas, ritmos de aprendizaje distintos, experiencias de vida propias de su contexto y más aún, con lenguas maternas ancestrales.
Han transcurrido varios años desde que esta propuesta llegó a nuestras aulas de clase sin dar los resultados que esperan. Aspectos como la deserción, la repitencia, el uso obligatorio del documento, la invisibilidad de seres humanos con características étnico-culturales específicas, entre otros, han sido medidores del impacto del instrumento sobre los actores principales de lo que hoy se conoce como comunidades educativas, evidenciando que no es una herramienta efectiva que potencie la articulación imperativa entre la escuela, la sociedad y la familia.
Es así que los maestros del país hemos sido convocados a participar de jornadas pedagógicas desarrolladas a lo largo del año en curso, para debatir alrededor de esta literatura con el fin de hacerle la revisión, los ajustes y la actualización no solamente a la de Lenguaje, sino Matemáticas, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. El nodo Valle, produjo, entre sus resultados la inclusión de las lenguas nativas en las aulas de clase que valide los aprendizajes, en los cuatro puntos cardinales, al igual que el reconocimiento de las variantes dialectales como formas naturales de expresión propias de un gran porcentaje de la población colombiana. Vale mencionar que en el XII Taller Nacional Red de Lenguaje, se conocerán los avances de un proceso en curso.
Sumado a ello, la creación de oralotecas, como estrategia pedagógica que permita incluir, en los asuntos educativos, otras formas de ver el mundo, otras formas de relacionarse con distintos grupos generacionales. Además que provoquen el suceso de instalar arraigadamente, en la escuela, las ciudadanías diferenciadas y que den cabida a solucionar aspectos referidos a la deserción, la repitencia, el uso obligatorio del Documento, la invisibilidad de miembros de las comunidades educativas con características étnico-culturales específicas, siendo estos algunos de los factores que nos impedirían ser la Nación más educada. Por tanto, ni el rito debió salir ni el estándar debió entrar en ninguna escuela colombiana.



