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viernes 3 octubre, 2014 a las 1:06 pm

Todo el mundo quiere llegar a viejo, pero nadie quiere serlo.

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Por: Luís Barrera / [email protected]

Se acerca la 20ª Teletón pro- Fundación Club El Refugio que administra y opera el Ancianato de Puerto Tejada hace más de tres décadas. Una nueva oportunidad para ser solidarios con aquellos seres que Dios les ha regalado la bendición de seguir viviendo de la mano del afecto y cariño de quienes los atiende y hacen parte de esta entidad sin ánimo de lucro.

La cita será el próximo 19 de Octubre para ayudar a estos queridos ancianos olvidados que encontraron un digno albergue ya que el destino de muchas personas de la tercera edad en nuestro medio por múltiples causas es lamentablemente el abandono.

Esta es una obra social que todas las gentes de Puerto Tejada debemos ayudar para que cumpla su bello propósito y que nunca jamás las esquinas de las calles o los cuartos de “San Alejo” sean los aposentos de quienes con un caminar lento, esperan prontamente el final del tiempo y la voluntad del dueño de la vida.

Puerto Tejada hoy cuenta con un Ancianato hecho a punta de empanadas, rifas, viejotecas, kermeses y de la generosidad de muchos benefactores que durante años tras años han venido con sus bondadosos aportes ayudando a que esta valerosas y humanitarias mujeres, sus socias e integrantes de manera incansable, sigan trabajando por la supervivencia de estos hombres y mujeres cuyos hilos plateados cubren sus cabezas. Hilos que nacieron hace mucho tiempo.

Resulta a veces triste cómo el abandono de los ancianos en nuestra sociedad es una realidad. Uno piensa que la alegría de jubilarse o de no trabajar más por obligación debería disfrutarse antes por merecida. Al fin de cuentas García Márquez siempre decía que “el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”.

El aislamiento que sufre la tercera edad es una dinámica que se vive a diario, son innumerables las historias que existen sobre el desamparo, desplazamiento o el destierro del núcleo familiar. Historias que describen la realidad de centenares de adultos mayores en nuestros pueblos, pero que por fortuna existen instituciones privadas como la Fundación El Refugio de Puerto Tejada para bridarles amor y ternura a quienes por el paso inexorable de los años tienen sus cuerpos cansados, lucen encorvados; sus cabezas, agachadas, y sus miradas perdidas. Porque para hoy no tienen nada; solo los recuerdos de una vida pasada, cuando sus imágenes adornaban el centro de un hogar, de una familia.

ANCIANOS PUERTO

La invitación entonces desde estas páginas de PROCLAMA es para que sigamos ayudando desde nuestras propias posibilidades a sostener el Ancianato y no olvidemos que la Misericordia que es como un dinosaurio, no por su tamaño, sino porque ya se ha extinguido; que tiene olor a fósil disecado y que envejecer por fortuna es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.

Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hayamos llegado. Por eso adolece como en este país se subestima a los ancianos. Tener dificultades para desplazarse no significa que no puedan hacer pequeñas tareas que los hagan sentirse útiles. El que disminuya su capacidad auditiva no quiere decir que no puedan mantener una conversación interesante. El que tengan 80 años no quiere decir que dejaron de tener sueños.

Muchos ancianos se desconectan del mundo porque están terriblemente solos, porque son marginados de toda actividad familiar, porque nosotros los “jóvenes”, los “menos viejitos”, no les damos cabida. Nos aterra que llegue el tiempo para caminar un poco más lento, para escuchar una frase mal articulada, o porque quizá todo el mundo quiere llegar a viejo, pero nadie quiere serlo.

A los ancianos hay que escucharlos, con mucha paciencia. Ellos son los que nos han legado todo lo que alguna vez le legaremos a los que vienen luego de nosotros. El deterioro sería menos penoso si cada uno que tiene un familiar, un amigo o un vecino de la tercera edad comenzara por ponerle atención, por tratarlo como un igual que tiene cosas que decir; mucha sabiduría y expereciencia, basta un saludo, una sonrisa y no subestimarlo.