De prioridades y discusiones bizantinas…
CARLOS E. CAÑAR SARRIA
Los buenos gobiernos se caracterizan por jerarquizar necesidades y priorizar soluciones a las difíciles problemáticas. De ello depende mucho la legitimidad de los gobernantes. Las necesidades de las regiones y municipios colombianos tienen muchas similitudes, así sus problemas difieran de acuerdo a los escenarios y actores sociales. Pero hay temas y problemas de los que prioritariamente deben preocuparse los gobernantes, como por ejemplo, el alto índice de desempleo, las múltiples expresiones de violencia que dificultan la convivencia civilizada entre asociados y la crítica relación entre Estado-sociedad. En algunos municipios más que en otros, problemas como la pobreza, el marginamiento económico, la falta de liderazgo, la carencia de sentido crítico y la apatía ciudadana, entre otros factores, hacen que los problemas se escondan, se disimulen y no se encaran como debiera ser.
Se sigue navegando en el mar de lo superfluo mientras lo prioritario pasa al cesto de los desperdicios. Las que debieran ser verdaderas políticas públicas quedan indefinidamente postergadas mientras las poblaciones envejecen esperando un mejoramiento de sus condiciones de vida y las oportunidades se convierten en verdaderas utopías, es decir en algo halagüeño, deseable pero imposible de realizar.
Mientras entre la gente se cuentan chismes, se farandulea la realidad. Discusiones bizantinas que no conducen a nada. Que el color de las paredes debe ser tal y no otro, que el senador X me invitó al matrimonio de su hija, que las empanadas de pipián les echaron mucha sal, que a fulanito lo peluquearon mal, que los toros se van a quedar sin plaza, que Lady Gaga cantó con un vestido hecho en carme y qué pena con la carne, que los ángeles deben ser negros, que el Tino Asprilla está bien dotado, que el chamán puede o no detener aguaceros, que Amparo Grisales sigue muy buena pero que es insoportable en “Yo me llamo”, que los conservadores van a misa a las cinco y los liberales a las seis, etc., etc.
Y ahora dizque los alcaldes y gobernadores recién posesionados están preocupados por su reelección. Como si no tuvieran más qué hacer. Volver a desempolvar una iniciativa que nació muerta. A desgastarse en lo superfluo. El proyecto se ha hundido 19 veces y no obstante, se sigue insistiendo en ello. Los alcaldes y gobernadores deben preocuparse por desempeñar el papel que les fue encomendado, a gobernar y a resolver problemas. Buscar y encontrar fórmulas que signifiquen el mejoramiento socioeconómico de las gentes que dicen representar. La dramática situación de municipios y regiones no está para que los gobernantes se dediquen a hacer política y estar en campaña. Sin haber gobernado aún, ya se creen tan buenos que desde ya aspiran ser reelegidos y esto no es más que un despropósito.
La reelección de alcaldes y gobernadores fue una promesa de campaña del presidente Santos. Considera que es justa la idea y “debe ser el pueblo el que determine quién es bueno y quien es malo, para así reelegirlo o no”. Faltará – dadas las actuales condiciones- ver si el Presidente o el Congreso estén dispuestos a desgastarse o no.
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