De las barricadas a las urnas


De las barricadas a las urnas.
Según mi gran amigo del alma el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), la palabra o sustantivo “barricada” significa: “obstáculo levantado en la calle con objetos diversos para impedir el paso o parapetarse tras él, especialmente en revueltas populares”. Pensando en los últimos sucesos sociales colombianos que nos han marcado en todos los sentidos habidos y por haber, especialmente en el “estallido social” del histórico 28 de abril / 21, nadie se imaginaba ni por asomo siquiera, que ese término lingüístico no tan conocido popularmente, se iba a convertir en fundamental y dinamizador para nuestra vida económica, social y política sobremanera, así el Estado no lo quiera reconocer, como ahora enseguida lo vamos a comentar.
Para entrar en materia y yendo al grano como se dice en lenguaje popular, para que haya más claridad, con perdón de mis amables lectores, me di a la tarea de investigar un poco sobre la historia de la mencionada palabra, encontrando que su primer empleo documentado se remonta a 1588 en París, durante el célebre “día de las barricadas” (12 de mayo de 1588), en la Octava Guerra de la Religión de Francia, sublevación dirigida por el Consejo de los 16 (conformado por los jefes policiales de los 16 barrios en los que se dividía París en esos días, dirigidos por el Duque de Guisa, en contra del Rey Enrique III.
Como nos damos cuenta, rastreando la historia, siempre aparece el componente popular en contra de un usurpador, un tirano, un déspota, un rey tirano, un mandatario inepto o un ministro creído a contravía del pueblo, quien llega un momento en su historia que no aguanta más esa situación y como dice la gente “le sacan la piedra”, “se rebotan”, y lo que empieza como una llamita, en un dos por tres, se convierte en un incendio social, que se expande por todas partes, formando el ya comentado estallido social, que en Colombia ocurrió el pasado 28 de abril, con el gran Paro Nacional, que duró tres meses y 17 días y cuyas consecuencias y réplicas aún subsisten, antes con más fuerza. Como ya es de todos conocido, la chispa o llamita que prendió la indignación social colombiana, fue la pretensión del exministro (ahora) Alberto Carrasquilla de presentar su reforma tributaria en medio de la pandemia y las afugias sociales de los colombianos, con exorbitantes impuestos a los productos de primera necesidad, tratando de conseguir a la fuerza, primero 30 billones para el presupuesto nacional, que luego, ante la ira popular, se convirtieron en 15 billones, hasta que finalmente renunció, junto a su idea descabellada.
El mencionado paro Nacional, fue de tal contundencia que, en muchos lugares del país, se formaron puntos de resistencia popular, siempre protegidos con las barricadas, que fueron repelidas a la fuerza por las autoridades policiales, con las consecuencias que ya sabemos, en contra del pueblo. Ahora bien, nunca olvidemos que los protagonistas principales de ese estallido social fueron los jóvenes, quienes ahora tienen todo del poder del mundo para cambiar nuestro país, siendo los actores principales de las próximas elecciones del 22, dando un salto ideológico desde las barricadas a las urnas.
A propósito de nuestros jóvenes, ya lo había vaticinado en su momento Jaime Garzón, el inmolado profeta colombiano: “SI USTEDES LOS JÓVENES NO ASUMEN LA DIRECCIÓN DE SU PROPIO PAÍS, NADIE VA A VENIR A SALVÁRSELO… ¡NADIE!”. El destino de Colombia, a partir del 2022, está en las manos de nuestros jóvenes colombianos.




