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Domingo, 4 de octubre de 2026
jueves 19 septiembre, 2013 a las 5:06 pm

De la mentira a la especulación

Diogenes Diaz Carabalí
Diogenes Diaz Carabalí
Diógenes Díaz Carabalí

No solamente el escritor mexicano Francisco Martín Moreno despotrica de la iglesia católica. Son muchos los que han tomado como profesión mentir y especular; basados en supuestas investigaciones se van lanza en ristre contra la institución eclesial, la culpan de todas las desgracias humanas, para mostrar con nostalgia un supuesto paraíso proveniente del luteranismo, del protestantismo, del ateísmo, creyendo que su ideología es la panacea para el desarrollo, de los anglosajones creyendo en su progreso cuando llevan también, a pesar del dinero, su procesión por dentro.

Lo cierto es que de ambos lados hemos heredado “pecados imperdonables”, protestantes anglosajones, alemanes, holandeses, fueron los mayores mercaderes de esclavos durante la colonia; el Ku Klux klan americano, movimiento xenófobo, no propiamente católico, asesinó cruelmente a muchos hombres y mujeres, no solo negros; también indios, mestizos, y blancos que no estaban de acuerdo con sus prácticas. Dicho movimiento perduró hasta bien entrado el siglo XX.

No existe miopía más grande que atribuir a las condiciones económicas, estructuras religiosas. Pero también es imperdonable la ignorancia, desconocer que la iglesia católica aporta a la estructura económica y política actual símbolos que la sostienen. Fue la iglesia católica fundadora del primer banco; estableció universidades y colegios; fundo hospitales, ancianatos, hospicios, cuando el estado burgués no tenía ni los recursos ni estaba en condiciones de ofrecer esos servicios a las personas que carecían de medios para acceder a ellos. Sin duda dichas instituciones fundadas por la iglesia se mantienen por su utilidad. En su tiempo la iglesia sostuvo equipos de investigación para el desarrollo de la ciencia, ha fomentado y protegido el arte; es inmenso su patrimonio en música, pintura, escultura, en literatura. Entonces, los aportes son mayores que los errores, muchos atribuidos gratuitamente, porque, por ejemplo, la inquisición, en la colonia, fue aplicada por tribunales civiles, en contra de la hechicería.

Es también gratuito que desde atriles protestantes califiquen a pastores católicos con epítetos insultantes. Que pastores evangélicos llamen al papa con expresiones de odio. Lo cierto es que los papas, desde mucho tiempo, invitan insistentes a la paz; han influido, según sus limitaciones, ha decisiones en bien humano. Mientras los papas, desde Pio XII, llaman a la comprensión, a resolver los conflictos mediante la política y el diálogo, a la tolerancia religiosa, cabezas de gobiernos con credos diferentes al católico, ateos, han propiciado las mayores conflagraciones bélicas que conoce el género humano.

Mientras desde otros credos se dispara veneno contra el papa y los obispos, éste llama a la comprensión, al amor, a la paz, a la caridad. Muchos católicos hoy ofrendan sus vidas por servir a los débiles, se enfrentan a estados y creencias dogmáticas con la sola arma de la palabra y su oración por llevar un mensaje de optimismo, de vida, a seres humanos que viven en las peores condiciones de miseria y represión religiosa y política. Lo hacen en silencio, sin protagonismos, sin proselitismo, con el solo sentido de la dignidad humana. Allí si, como afirmó Jesús, “Por sus obras los conoceréis”.

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