De la ética periodística y otros asuntos


[email protected]
La Constitución Nacional consagra en el Artículo 15 que “todas las personas tienen derecho a su intimidad personal y familiar y a su buen nombre, y el Estado debe respetarlos y hacerlos respetar”. Esta norma constitucional se ha puesto de moda a raíz de la publicación de un video por parte de la ex directora de “La FM”, Vicky Dávila, en la que se sostiene una conversación con contenido homosexual entre el ex viceministro del Interior, Carlos Ferro y el capitán de la Policía, Carlos Ferroque ha dado pie a mucha controversia en la opinión pública y que implicó las renuncias del ex viceministro Ferro, de la periodista Vicky Dávila y del ex director de la Policía, general Rodolfo Palomino, a quien se le inculpa de pertenecer a una red de prostitución homosexual, de la cual harían parte algunos congresistas y miembros de la Policía, éstos últimos, según parece se prestarían voluntaria o forzosamente para este tipo de actividades en procura de mejores condiciones relacionados con el trabajo y en otros casos, en busca de ascensos personales.
Críticas le han llovido de todo lado a la considerada valerosa pero imprudente periodista; no obstante, hay quienes la respaldan porque consideran que si la relación entre el ex viceministro y el capitán de la Policía no es delito, sí lo son los hechos relacionados con la denominada “Comunidad del Anillo” a la que están vinculando tanto al general Rodolfo Palomino como al ex congresista y ex viceministro Carlos Ferro y que la periodista se había atrevido a investigar y denunciar.
En entrevista dada a Ángela Patricia Janiot, ante la pregunta sobre si el video es un buen periodismo, Santos respondió: “Y los colegas periodistas deberían hacer un cuestionamiento ellos mismos que aquí se está saliendo de la madre ese tipo de ataques y de información que eso no es un buen periodismo. Yo eso lo digo como periodista, no como presidente”. Nada conveniente esta intervención de Santos que no deja más que un sabor amargo de censura que puede dar lugar a no pocas suspicacias. Más aún cuando ante los roles de presidente y periodista prima el primero. Vicky Dávila en entrevista concedida a Daniel Coronell, afirma que la presionaron a renunciar por presión del presidente Santos. Por su parte el presidente ha desmentido dicha acusación: “Yo no pido cabezas de periodistas… Soy quien más valora la crítica cuando es seria y fundamentada”.
En varios escritos hemos referido la necesidad de un periodismo libre y responsable, que se puede ser valiente sin necesidad de ser imprudente, que a través de la prensa se puede hacer mucho bien o mucho daño a las personas y a la sociedad, que la intimidad y la honra de las personas se deben respetar y que es menester recurrir a la ética periodística de parte quienes tenemos el privilegio de informar o de opinar.
Pensamos que el principal sentimiento que debe motivar a un buen periodista es la defensa del bien público; por lo tanto, son la justicia y el tiempo las encargadas de dar o no la razón a la periodista, tal como lo anota la columnista María Isabel Rueda: “Aspiro a que el linchamiento de Vicky Dávila, una periodista íntegra, echa desde chiquita en el oficio, vaya bajando en intensidad. En el periodismo, en la mayoría de los casos, el paso del tiempo da la razón”.
De otro lado, tanto el general Palomino como el ex viceministro Ferro, que tienen asuntos pendientes con la Justicia que deberán aclarar, expusieron las razones de sus renuncias. Es obvio-como dice la ley- que son inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Sin embargo, en el seno de la Policía y del Congreso se vienen cocinando anomalías graves que es necesario investigar, sancionar y depurar. Por su parte el ex viceministro Ferro verá cómo por lo pronto, arregla la situación en su hogar, más cuando su esposa en entrevista manifestó respaldarlo incondicionalmente porque conocía muy bien a su marido, porque nadie es perfecto y porque el contenido del video “sólo nos compete a nosotros dos”, declaró en una dramática situación de estoicismo y de perdón en momentos difíciles para su familia.
Ojalá éste y muchos otros episodios que se han suscitado en nuestro país sirvan de ocasión para debatir el tema de los límites y alcances de la ética periodística y del derecho a la intimidad; sobre todo cuando se trata de periodistas que asumen comportamientos imprudentes o deshonestos; pero también, de parte de los funcionarios públicos que debieran ser arquetipos morales ante toda la sociedad. Vemos que la vigencia del derecho a la intimidad cada vez se complica más cuando a diario vemos que los mismos funcionarios son los principales promotores -con sus prácticas indecorosas- en enlodar su propia reputación y su buen nombre.




