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lunes 26 marzo, 2012 a las 7:54 am

De la amistad


CARLOS E. CAÑAR SARRIA

En realidad las verdaderas amistades son escasas, hay que buscarlas como agujas en pajar. Desde que nacen y se forjan se mantienen por el resto de la vida. Son incólumes, siempre están ahí en las buenas y en las malas. Se mantienen sobre las bases del afecto, de la solidaridad, de la lealtad y la sinceridad.

La filosofía clásica griega, atribuye mucho valor a la amistad. La amistad se sustenta en el amor y está regulada por la virtud. El hombre virtuoso es feliz y quien es feliz es justo. El amor es lo más perecido a la amistad y viceversa. Sócrates enfatiza que una de las principales misiones del hombre es hacer amigos, mientras Aristóteles concibe la amistad como necesidad vital. Los verdaderos amigos se convierten en refugios ante las adversidades de la existencia. De ahí que las caras de los amigos, no se deben dejar ver sólo en los momentos de gozo, sino también en los dolorosos. La amistad es reciprocidad, el egoísmo no tiene cabida.

En su libro “Ética a Nicómaco”, Aristóteles, entre otras cosas señala: “La presencia de los amigos en la buena fortuna lleva a pasar el tiempo agradablemente y a tener conciencia de que los amigos gozan con nuestro bien. Por eso debemos invitarlos a nuestras alegrías porque es noble hacer bien a otros, y rehuir invitarlos a participar en nuestros infortunios, pues los males se deben compartir lo menos posible. Con todo, debemos llamarlos a nuestro lado cuando han de sernos de ayuda, y recíprocamente está bien acudir de buena voluntad a los que pasan alguna adversidad aunque no nos llamen, porque es propio del amigo hacer bien, sobre todo a los que lo necesitan y no lo han pedido, lo cual es para ambos más virtuoso. De todos modos, no es noble estar ansioso de recibir favores, por más que igualmente hemos de evitar ser displicentes por rechazarlos.” Y agrega: “Los amigos se necesitan en la prosperidad y en el infortunio, puesto que el desgraciado necesita bienhechores, y el afortunado personas a quienes hacer bien. Es absurdo hacer al hombre dichoso solitario, porque nadie querría poseer todas las cosas a condición de estar sólo. Por tanto, el hombre feliz necesita amigos.”

Las amistades que surgen por interés y por placer no son recomendables. Son amistades que sólo se buscan a sí mismas. Están contigo mientras reciban utilidad, pero apenas pasa la necesidad te dejan solo. Maquiavelo sentencia que las amistades que no se adquieren y se mantienen con la nobleza del alma, de nada servirán en momentos difíciles. La esencia de la amistad reside en compartir, en conversar y en compenetrarse. Son incompatibles con la amistad la adulación, la zalamería y el servilismo, puesto que son contrarios al amor a la verdad. En “El Príncipe”, Maquiavelo de manera contundente desconfía de los aduladores. Quienes adulan y buscan su propio beneficio no son verdaderos amigos, no son más que hipócritas e impostores, ajenos a la virtud y a la verdad. En la actividad política es donde más se miden y se ciernen las verdaderas amistades.

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