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lunes 26 marzo, 2012 a las 9:20 am

PENSAR LA PAZ CON EL GATILLO LISTO

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombiano

Toda Colombia desea la paz. Esa paz, no de metáfora ni de mentirijilla ni de paloma blanca, sino la relativa tranquilidad de salir a la calle o estar en la casa o poder entrar a una discoteca. De salir de casa a trabajar o a sacar dinero de un cajero o comprar mercado en el Centro Comercial, con la esperanza de volver.

La paz no es un acto protocolario que se firma en un campamento o en una reunión con jefes guerrilleros o paramilitares que, para el caso, es lo mismo. La paz no aparece en la sociedad por arte y gracia de un decreto o por la convocatoria y realización de una constituyente. La paz debe ser una situación diaria como el hecho de abrir la llave en los hogares y que fluya el agua por ella.

Nos han acostumbrado los gobernantes a hablar en jerigonzas y maquillajes que no significan realidades. “Pensando en la paz”, parece decir el señor presidente hoy domingo en El Espectador con la cara de Santos con un dedo hundido en la nariz, parodiando al pensador de Rodin. A continuación saldrá el Mindefensa o el MinInterior a decir que no es confiable la voluntad de las Farc.

¿Faltará la foto de Timochenko con la misma facha? ¿Cómo tendrán, éste y aquél, los dedos detrás de la espalda? ¿En forma de cruz, como un muñeco de títeres? Una cosa dice la boca y otra muy distinta lo que se oye en las emisoras, lo que se rumora en la calle y lo que se cuece en las ollas de cualquier cocina de Colombia, sea en Caldono, en Toribío, en Arauca o en Caquetá, en Corinto o el Tarra.

Por un lado el pie de fuerza sigue aumentando y el presupuesto de guerra. Los helicópteros y el avión fantasma, los uniformes verdes en la VI Cumbre de las Américas, la promesa de un soldado global, lo del fuero militar. Parece que no se está pensando en la paz. Se está pensando en profundizar y dar largas al conflicto.

Por otro lado, se anuncian nuevas entregas de secuestrados y a las horas de dar diez comunicados, se oyen las ametralladoras aquí y allá, detonan los carros bomba y aparecen cilindros y anfo en caletas y aks47 en camiones.

Más parece un obvio juego de oferta y demanda de objetos y símbolos de guerra entre el gato y el ratón. No son señales de paz. Por todo lado aparece el rabo del negocio y el camuflaje. Más plata y operativos, más armas y comunicados ambiguos. No se está pensando en la paz. Solo se está pensando en cómo no acabar con las escaramuzas, en las nuevas bajas, en quién tiene más muertos y quién muestra más inteligencia y sorpresa.

La sociedad civil, la verdadera sociedad – porque no hay sociedad militar, ni eclesiástica, ni diplomática – está como en un juego de tenis. Ahora mira a la izquierda luego mira cómo la bola va a la derecha y, de pronto, llega un ace. Y así gobierno y Farc y Bacrim han mantenido por más de 50 años en el sartén caliente a un pueblo aburrido de este juego planificado y pensado.

¿Cuándo se pondrá el seguro al gatillo, se mostrarán las cartas sin marca, se liberarán los retenidos y se cerrarán las puertas de este negocio sucio que enloda la democracia y la paz? ¿Seremos capaces de decirle adiós a las armas? O será apenas un desiderátum de ilusos y no la voluntad de los políticos.

De pensar a salir a dar señales y a dialogar hay un trecho muy largo. No podemos seguir teniendo la solución o el lápiz en el bolsillo y no estirar la mano para empezar el diálogo. De lo contrario todo es echar globitos para nunca dar el primer paso como pasó en el anterior gobierno.

25-03-12 – 17:21 p.m.

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