¡CUELAN EL MOSQUITO Y SE TRAGAN EL CAMELLO!


Colombia tiene una cita con la historia; los que fuimos arrullados con las melodías de las balas y nos tocó crecer respirando ese oxígeno contaminado de esa pólvora asesina, emanada de bombas y cilindros y muchos de nuestros teteros fueron preparados con agua contaminada, con partículas de sangre de personas asesinadas y arrojadas a esos ríos que surten todos nuestros acueductos, y nos alimentaron con productos del campo abonados con los desechos de esos cuerpos humanos que la violencia sembró a lo largo y ancho de nuestra geografía.
No podemos seguir condenando irresponsable y caprichosamente a las generaciones futuras a una guerra estúpida e insensata donde el pueblo, los pobres han sido el insumo más grande de este conflicto por el alto costo de vidas humanas que le han ofrendado a esta violencia (policías, soldados, niños, jóvenes, mujeres, adultos, ancianos).
Es el momento irrenunciable e inaplazable de darnos una segunda oportunidad y obsequiarles un voto de confianza a esos hermanos nuestros que un día empuñando las armas de la revolución como ejercito del pueblo, buscaron equivocadamente la forma de defendernos de la tiranía, la opresión y la injusticia social, de un estado que había perdido la brújula de la democracia. Hoy ese pueblo inteligente y sabio, cansado de tanto luto toma las armas del plebiscito para derrotar de una vez y para siempre esa violencia que por más de 50 años nos ha poseído y esclavizado como una maldición. Este plebiscito no será la paz en sí pero será ese camino que se ira construyendo a través del perdón, la tolerancia, la reconciliación, la hermandad, la equidad, la inversión, y el desmonte de la injusticia social, ya que esa guerra es costosa, ruinosa y absorbe la mayor parte del presupuesto nacional .Lo que tributamos o los impuestos que pagamos que deben ser retribuidos en beneficios, en calidad de vida, se han convertido en impuestos de guerra, en tributo de muerte; algo ilógico y maquiavélico.
El problema de este país no va a cambiar si los guerrilleros pagan o no cárcel, esto no es de forma es de fondo; un día nos hicieron pensar dentro de todas esas cortinas de humo que extienden, que el problema de Colombia era el narcotráfico; se dio de baja a Pablo Escobar, se extraditaron los Rodríguez Orejuela y esto siguió lo mismo o peor, porque antes éramos exportadores y hoy somos consumidores.
Ahora que el problema es la guerrilla y seguimos ocultando ese monstro gigantesco y maligno de mil cabezas, ese cáncer, que pase lo que pase sino se combate nos seguirá destruyendo a pedazos, ya que es la fuente de todos los males habidos y por haber y ese monstruo es la corrupción, culpable del deterioro del tejido social. Esta corrupción esta enquistada en la mayoría de funcionarios públicos y políticos. ¡Pero siguen colando el mosquito y tragándose el camello!
La corrupción en este país, es más violenta, maligna y destructora, que la drogadicción, o la subversión, por ese número mínimo de integrantes y más cruel y despiadada que el terrorismo del estado islámico por el número incalculable de adictos y adeptos que integran sus frentes y los hace muy difíciles de detectar por la forma camaleónica de camuflarse (saco y corbata, uniformes) son maquiavélicos (los medios o las formas que utilizan, no importan con tal de saciar sus apetitos).
Lo único que se conoce de ellos:

Su modus operandi (alcaldías, gobernaciones y en todos los entes del aparato estatal donde se manejen recursos). Se alimentan de los presupuestos de la nación y su olfato es tan desarrollado (desde Bogotá pueden olfatear ese agradable olor del dinero en La Guajira, etc.) su adición a los presupuestos los hace insaciables.
Presidente Juan Manuel Santos, después de concluir ese paso que se dio con las FARC, no colemos más el mosquito y a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se pueda conseguir una vacuna o un antídoto para tratar a esos funcionarios públicos y a los políticos, y si su adición es irreversible, sacarlos e internarlos en centros de reclusión (no más impunidad).
Llego el momento de mirarnos como hermanos, quitarnos esos guantes de la prevención y apostarle a un país decente y con dolientes donde secén las horribles noches y en los campos no se siga sembrando más minas y cosechando extremidades y las bombas no sigan tangueando los cuerpos humanos de metralla y podamos repatriar la muerte natural, que por tanta violencia en el exilio, un día nos podamos respetar y amar, y en las diferencias caminar, porque no somos enemigos ni rivales, somos una sola nación bendición del Creador.
Los que se oponen a este proceso de paz son los verdaderos terroristas que se inmolan en sus caprichos o necedades porque la maldad y la muerte son su naturaleza y alimento.



