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Martes, 6 de octubre de 2026
lunes 18 mayo, 2015 a las 1:51 pm

CREPITACIONES 2015: HONORES A MIS MAESTROS

maestro

CREPITACIONES 2015

Imposible no aprovechar y recordar con alegría infinita el 15 de mayo del presente año (y toda la vida), cuando se celebró el DÍA DEL MAESTRO en todo el país y no recordar con aprecio y admiración a nuestros maestros y maestras de primaria y secundaria, quienes con aquella vocación inquebrantable y esa paciencia indómita, al estilo de Job, supieron inculcar en nosotros el amor al estudio y a la ciencia, junto a los valores de oro que hoy nos apreciamos de usar en el camino de la vida y que también sirven de guía a nuestros estudiantes de hoy. Se me ocurre pensar que aquellos grandes maestros de esa época dorada que nos tocó en buena suerte, al estilo de un grupo humano excelente y memorable, plasmó en nosotros con tinta indeleble su sabiduría y valores, y nosotros, a su vez, como vasos comunicantes, lo hacemos hoy en día en nuestras labores escolares diarias, pero siempre bajo el influjo poderoso de aquellos increíbles y maravillosos maestros y maestras.

De esta manera, aparece en mi vida de estudiante de primaria, en la Escuela Urbana de Varones de mi pueblo natal, Bolívar (Cauca), después de los 7 años de edad (cuando no existía el llamado grado de transición o pre-escolar), mi primer maestro, Don Alberto Molano, quien me enseñó a leer y escribir, usando la famosa cartilla “La alegría de leer”, de Juan Evangelista Quintana, texto que se convirtió en toda una institución editorial educativa, por muchos años, a nivel nacional. Como en ese tiempo se aplicaba con todo rigor y exigencia el axioma: “La letra con sangre entra”, pues lógicamente no me podía salvar de su aplicación y por eso, un día, al tomarme la lección de lectura, me olvidé de hacerlo y sentí el golpe de la regla en la palma de mi mano… y ahora sé que ese reglazo me sirvió para toda la vida, pues me convirtió en ratón de biblioteca, pues nunca dejo de leer hasta el sol de hoy (sé que mi maestro lo hizo por bien y nunca por odio).

Y mi segundo maestro, Don Alcides Cajas, en la misma escuela, quien para mí se convirtió en un maestro completo, al incentivar en mí el amor por la poesía y por el periodismo. En cada izada de bandera, me hacía aprender de memoria muchos poemas largos, pero muy hermosos y al salir a declamarlos y sentirlos, hizo germinar en mí la raíz y el amor por la poesía y así, de esta manera, por su ayuda y buen olfato hacia las letras, me convertí en poeta y escritor. En cuanto al periodismo, mi maestro Alcides un día cualquiera, llevó al salón de clases un ejemplar del periódico El Espectador, nos lo mostró y nos dijo que iban a publicar una colección de mapas de los departamentos de Colombia y que él recomendaba comprarlo, para hacerla. Así, de esta manera indirecta pero formativa, tuve en mis manos un periódico y al leerlo, quedé fascinado por el periodismo (años más tarde, mi padre completó la tarea, al ponerme a vender El Siglo y leerlo, mientras descansaba en las aceras).

Junto con mis grandes maestros Alberto y Alcides (qué hermosa coincidencia, ambos nombres empiezan por la A), muchos otros maestros y maestras plasmaron en mí su sabiduría y me ayudaron a ser lo que hoy en día soy y así ayudar y servir a los demás. LA SABIDURÍA Y LA DOCENCIA SON ETERNAS.

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