Conmemoración del dolor


Conmemoración del dolor y el susto de un big bang.


Profesional en Estudios Políticos y Resolución de Conflictos
Especialista en Educación Ambiental
Siete (7) es un signo perfecto. Seis (6) repetido tres (3) veces dicen los entendidos que es número de hombres. Dos (2) de febrero el 2012, memoria del estallido que nos sacó del sueño de paz en el municipio # 40 del Cauca.
Medio día de un febrero cualquiera y con el sol de testigo en el cielo azul, ellos, los transeúntes, solo pasaban, al igual que otros, simplemente respiraban, no eran parte de un conflicto sordo, ciego y torpe que cobra vidas inocentes: Yerinton Enrique Viáfara, un niño con sueños de gol y de grandeza, el cual solo corrió hacia su escuela en busca de un saber liberador, ese fatídico día, se encontró con el abrazo insospechado de los átomos alterados por un tres (3) de las pipetas que vomitaron su fuerza demoniaca, tras devorarse entera a la camioneta portadora del veneno de fuego. José Manuel Cufi conocido como Huevo el que reparaba los techos, la muerte lo sorprendió con una sonrisa dibujada en sus labios. Nidia Alejandra Balanta rebosante de juventud, poseedora de un millón de amigos y un carisma de artista consagrada y don Liboniel Díaz Possú el padre, el abuelo, el esposo, el hermano, el tío, el amigo, el vecino a quien la muerte lo sorprendió con su mente activa, sentado en su residencia. Todos ellos cayeron y caímos en las garras del dolor vestido de polvo y estruendo que les quitó la voz, la mirada y todo, no les dio tiempo ni espacio para despedirse del planeta en el que alimentaron sus sueños.
Hoy, siete años después del impresionante suceso, conmemoramos la muerte de siete hijos de la tierra con el encuentro de santos patrones y pensando tal vez, en la relación que tenemos todos con todo, y como lo expresa el UBUNTU o sabiduría ancestral africana: “Lo que le pasa a uno, nos pasa a todos, somos si tú eres”. Villa Rica entero está en la obligación de pensar y repensar sus vínculos y relaciones para darle un ritmo distinto al estilo de vida que nos aleja de la solidaridad y hermandad.

Del otro lado, los del mismo lado, el comandante Guido Cifuentes, el cual con su gigantesco cuerpo quiso tragarse todo el impacto que generó una onda expansiva que nos despertó-aturdió, acompañado de los policías Persides Obregón y Agustín Lerma quienes al igual que miles de compatriotas han puesto su vida al servicio de unos interés ocultos que ven en sus muertes, solo cifras y datos estadísticos, ellos también son parte de nuestro dolor colectivo, somos partes de una parte del poder que siempre pierde, gane quien gane.
Fracciones de segundo bastaron para tallar profundamente en nuestra mente el vivo recuerdo de la danza del horror interpretada por los señores de la muerte, los que contamos con el privilegio del movimiento, fuimos testigos de la confusión, del soroche, de la desprogramación mental, de la acción con torpeza, del correr hacia todas las direcciones sin entender los símbolos del tablero del poder, nosotros cual hormigas cuando envenenan su casa-tierra sólo buscábamos entender un porqué, un para qué o quizás una verdad completa con reparación y garantías de no repetición.
Hoy escuché la voz potente de una de las sobrevivientes del suceso traumático que dejando luto a su paso, se llevó a su hermanito, quien en medio de las lágrimas que forman ríos, lagos y océanos nos recordó la insensatez de la guerra, perra guerra que nos ha puesto al frente como carne de cañón, guerra que nos ha transformado en monstruos de mil cabezas, monstruos que aprendimos a justificar el uso de la violencia a partir de la propaganda pornográfica de los que se benefician de la sangre que viste de rojo a los territorios de nuestros ancestros.
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