¿Con quién es la cosa…?
Por: Luís Barrera
A medida que se van acercando los comicios electorales de Octubre los electores van definiendo sus candidatos y los aspirantes van “amarrando” sus potenciales votos.
Se presenta un reacomodo de fuerzas y tendencias y se va armando el complejo crucigrama de la política con todas sus audacias y suspicacias propias de proceso en el que se definen los destinos de los pueblos y regiones.
La pregunta que más suele hacerse entre el público expectante en su inquieta popular sabiduría es: ¿Con quién es la cosa…?
La franja de los indecisos, los que suelen en muchas ocasiones definir una elección sigue creciendo en nuestro medio, debido al desgaste y desengaño de los electores, quienes ven frustradas sus esperanzas y aspiraciones.
En medio del tedio político, estamos llegando a un momento peligroso. La política produce un profundo aburrimiento. La gente, mucha gente, no quiere ver ni escuchar las noticias electorales, no quiere saber nada del acontecer político, la discusión sobre la próxima contienda le produce bostezos, la protesta silenciosa del abstencionismo va creciendo.
Una gran franja electoral apunta a sostener que pese a que hay muchos aspirantes y candidatos, gente nueva y aparentemente diferente, a la postre puede resultar “más de lo mismo”.
No olvidemos que en los comicios presidenciales en los que resultó electo el presidente Juan Manuel Santos la abstención en el Cauca superó el 60 por ciento y a nivel nacional el 55 %.
Contrariamente a lo que comúnmente se ha pensado, los nuevos indecisos pertenecen a una categoría de votantes que podríamos, pese a la falta de cultura electoral, denominarlos votantes racionales.
Se trata de ciudadanos que se toman el trabajo de evaluar y analizar las gestiones de las administraciones, los programas de gobierno y los distintos desempeños en las campañas políticas. Evalúan las opciones y propuestas que estiman serán las más indicadas o relevantes en los años venideros; y por ello aún siguen indecisos, debido a la ausencia total de propuestas y debates serios sobre ideas.
Y es precisamente a este sector del electorado que se suman los que viven preguntando ¿con quién es la cosa…? y si no hay quien los conquiste terminan votando por aquellos candidatos, equipos o partidos que creen que harán un mejor trabajo en los asuntos de gobierno; y en los que tienen un peso fundamental las ofertas electorales que se construyan en tanto fórmulas, programas e ideas.
Poca importancia se le concede a los indecisos. En toda campaña política, estos juegan un papel importante por no decir crucial. La tendencia de ellos es votar tarde, decidir en familia ejercer el voto hereditario, en gremio o guiados por un dirigente respetable y hasta hoy representa y votan un 60 por ciento.
“Los indecisos al final deciden”. La mejor manera de llegar a ellos es con campañas no convencionales. Pero la más efectiva es la “campaña de la unidad”. Como la vino haciendo, por ejemplo, el Partido Liberal en el Cauca. La unidad debe comenzar con la suscripción de la variedad de aspiraciones de una “verdadera tregua política a la confrontación”. Solo eliminando la inclinación suicida de matarnos políticamente entre nosotros mismos puede conducirnos a esa deseada unidad.
Nadie, ni ningún partido político por muy fuerte que esté llega solo al poder, se requieren las alianzas, acuerdos y por qué no decirlo, de componendas. El problema es cuando no hay una respuesta oportuna a preguntas como: ¿Con quien es la cosa…?.
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