Por: Unidad Investigativa Proclama del Pacífico / El desplome del histórico Puente de los Esclavos, ocurrido este viernes 17 de abril de 2026, representa el desenlace de una parálisis administrativa que mantuvo en suspenso la salvación del monumento.
La estructura cedió ante la creciente del río Güengüé mientras las instituciones postergaban la intervención técnica, permitiendo que la fuerza de la naturaleza se adelantara a la lentitud de los trámites de escritorio.
Construido alrededor de 1753 este puente de calicanto —levantado con ladrillo, cal y sangre de res— sobrevivió a los siglos de la Colonia y la República.
Con sus ocho arcos de medio punto y su silueta en V invertida, la obra permitió el paso de Simón Bolívar en las campañas de 1821 a 1823. Por su ubicación estratégica, vinculada a las haciendas Japio y García Abajo —cuna del expresidente José María Obando—, el monumento representaba el eje de la denominada Vía Bolivariana.

Gestión local frente al olvido nacional

La Administración Municipal de Miranda, mediante comunicado oficial, recordó que la declaratoria de Bien de Interés Cultural fue una gestión liderada por el actual alcalde para otorgarle protección legal al patrimonio. Pese a que el municipio activó protocolos de evaluación y coordinó con el Gobierno Nacional el diagnóstico y la restauración, la realidad estructural superó la velocidad de los trámites. Durante años, la infraestructura careció de intervenciones técnicas integrales, quedando expuesta a factores naturales que finalmente la demolieron.

Este desplome se suma a la caída sistemática de otros emblemas caucanos. En julio de 2020, colapsó el Puente de Calicanto sobre el río Grande en Caloto, obligando a las comunidades a improvisar pasos de guadua ante la ausencia de mantenimiento oportuno. Solo hasta junio de 2025, el Invías publicó la licitación para su rehabilitación, un esfuerzo que llegó cinco años después de la pérdida total de la estructura original.
(En contexto: https://proclamadelpacifico.com/patrimonio-cultural-de-caloto-sigue-desmoronandose/
https://proclamadelpacifico.com/asignan-recursos-para-atender-puente-calicanto-en-caloto/)
La burocracia de la suspensión

La ironía técnica del desastre del Puente de los Esclavos reside en las comunicaciones oficiales previas. Apenas el pasado 27 de marzo, el Instituto Nacional de Vías (Invías), a través de la subdirectora de Planificación de Infraestructura, Sirley Dabebia Merchán, informó a la Alcaldía de Miranda que los estudios para el mejoramiento y mantenimiento del puente (Orden de Servicio No. 26, bajo el contrato 3958 de 2024) se encontraban suspendidos.
La parálisis del contrato, decretada el 26 de marzo de 2026, obedecía a la evaluación de puntos en conjunto con el Ministerio de Cultura en el marco de consultas previas. La fecha pactada para reanudar los estudios era el 30 de abril de 2026.
El río Güengüé no respetó el cronograma de la «Fábrica de Diseños 3.0» del Invías y arruinó la estructura 13 días antes de que terminara la suspensión burocrática.
El peaje humano y Proclama

El Puente de los Esclavos y el de Calicanto en Caloto, y los otros, claro, fueron escenarios de nuestra propia historia periodística.
Durante años, transitamos estas estructuras de calicanto a bordo de buses de Trans Florida y Sultana del Valle, cumpliendo la tarea de distribuir la edición impresa de Proclama por todos los municipios del norte del Cauca.
En esos recorridos, fuimos testigos de un ingenioso, pero necesario rebusque: el «peaje humano» sobre el Puente de los Esclavos, que por su estrechez, solo permitía el paso de un vehículo. Ese hombre, apostado en la mitad del puente, en el ángulo superior, regulaba el paso de buses y pesados trenes cañeros, obviamente, ante la ausencia de semáforos. Este control artesanal del tráfico fue, durante mucho tiempo, la única vigilancia real que tuvo el monumento ante la indiferencia de las autoridades de transporte.
El Puente de los Esclavos sobrevivió durante décadas a una exigencia para la que nunca fue diseñado. Mientras los cálculos originales preveían un máximo de 15 toneladas, la estructura soportó el tránsito ininterrumpido de trenes cañeros, buses de pasajeros y volquetas que duplicaban ese peso sin flaquear.
El Puente de la Paz

La protección del patrimonio histórico tuvo un ejecutor concreto en la administración de Walter Zúñiga Barona. Ante el riesgo inminente por el tránsito pesado, el alcalde lideró las gestiones necesarias para construir una vía alterna que liberara la estructura colonial. El resultado de este esfuerzo fue el Puente de la Paz, entregado entre 2014 y 2015 como una infraestructura paralela diseñada para asumir el flujo de carga y salvar el arco de los esclavos. Esta obra civil de 80 metros de luz fue la respuesta técnica del municipio para evitar que los trenes cañeros y el transporte pesado siguieran destruyendo el monumento nacional.
La frustrada redención turística y ecológica
El ingeniero Luis Fernando Orozco Gutiérrez había proyectado para esta estructura un destino superior al de un simple paso vehicular. Su diseño contemplaba la creación de un Parque Histórico, Ecológico y Turístico, concebido como el centro de gravedad de la memoria regional.
Este complejo integraría un Museo de la Raza Afro en el sector de Miranda y un espacio de recordación al expresidente José María Obando en predios de Corinto, articulando ambos municipios mediante senderos peatonales que liberaran finalmente al puente del trato perjudicial de la carga pesada.
La propuesta técnica, respaldada por la Sociedad de Mejoras Públicas, incluía un terminal turístico conectado mediante un cable aéreo desde el parque “Chiquilines”, sobre el río Desbaratado. Esta infraestructura pretendía convertir al Puente de los Esclavos en un destino de peregrinación internacional para la población afrodescendiente, simbolizando una Nueva Liberación a través del reconocimiento de su arquitectura y su entorno natural.
La desidia estatal que permitió el colapso de la estructura destruyera simultáneamente este proyecto de polo de desarrollo económico y social, diseñado para fomentar la identidad del pueblo nortecaucano.
Un inventario de ruinas

La ineficacia en la protección del patrimonio caucano ha sido una constante. En 2015, el Ministerio de Cultura declaró bienes de interés nacional a 16 puentes de arco, basándose en un inventario de la Universidad Nacional sede Manizales que incluía como existente el puente sobre el río Ovejas en Caldono, a pesar de que este ya había sido arrasado por una creciente cinco años antes de la declaratoria. Este rigor de escritorio es el que hoy permite que el Puente de los Esclavos desaparezca bajo las aguas del Güengüé.
El colapso de este monumento significa la desaparición de un referente de la libertad afro y la independencia republicana, sumado a la pérdida irreparable de una pieza de ingeniería colonial.
Mientras la burocracia evalúa la pertinencia de los diseños en oficinas alejadas del territorio, el Cauca pierde sus raíces físicas.
Es imperativo que el Gobierno Nacional trascienda los informes de avance y las suspensiones contractuales para iniciar la reconstrucción de un emblema que el pueblo caucano no permitirá que se disuelva en el olvido.