CÓDIGO MATAPERROS


El controvertido Código de Policía, al que le han mamado gallo y de lo lindo por estos días en los carnavales, corre peligro de dejar de ser una herramienta para ordenar las costumbres y terminar convertido, paradójicamente, en el provocador de la más grande matazón de perros que se haya hecho en poco tiempo en Colombia y en el mundo.
Como antes de que rigiera el bendito Código era totalmente libre la importación, compraventa, traspaso o donación de perros de las razas ahora clasificadas potencialmente como peligrosos, los poseedores de esos animalitos o los manejaban con prudencia o corrían los riesgos de que se convirtieran en dañinos, como lo exageran las noticias.
Pero de la noche a la mañana, el Código de Policía obligó a que prácticamente cada perro de esos tenga una cédula o registro (que todavía no se sabe dónde ni cómo se hace) y que sus dueños adquieran póliza de seguro de responsabilidad civil extracontractual, (la que tampoco se sabe cuál compañía de seguros la vende).
Como los medios han hecho aspavientos con la presunta peligrosidad de esos perros. Como la Policía se ha encargado de asustar con los artículos de la norma y como los propietarios de tales animalitos no pueden regalarlos, y no se creen culpables por haberlos conseguido antes de que rigiera el Código Mataperros, los están sacrificando (algunos de maneras terribles y crueles) o largándolos a la calle a que se mueran de hambre mientras desesperados causen más daños buscando comida.
Por supuesto, ni los histéricos animalistas antitaurinos, ni la Defensoría del Pueblo, que la maneja un Negret, protestan contra el Código Mataperros. Entonces, ¿le mamarán gallo al Código como en los carnavales?
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