CATERINE


El 16 de agosto Caterine Ibargüen, nacida hace 29 años, se llevó en el puño nuestras glorias inmarcesibles y las echó a volar desde lo más alto del estadio Luzhniki de Moscú como la primera deportista colombiana en obtener una medalla de oro en un mundial de atletismo.
Esta negra de pómulos brillantes como el charol, nació el 12 de febrero de 1984 en Apartadó, principal municipio del Urabá antioqueño, con la colonización provocada por la apertura de la carretera al mar Caribe en Antioquia y la persecución política acaecida en Colombia a partir de 1948 tras el asesinato de Gaitán. Hija de esa mezcla racial que conforma nuestro gentilicio más errático y adolorido, muy temprano supo lo que significa en Colombia pertenecer al remanente “de color”, “afrodescendiente” o simplemente negro que prolifera mezclado y diluido, en las planicies costeras y los recodos andinos de un país que no ha logrado sacudirse del todo el sambenito esclavista.
Empezó jugando beisbol en las polvorientas canchas de su infancia y culminó llevándose enredada en lo más erguido del alma la primera medalla de oro obtenida por nuestro país en un campeonato mundial.
No es una recién aparecida. Obtuvo medalla de oro en campeonatos mundiales de atletismo y de plata en los Juegos Olímpicos; cinco de oro, tres de plata y cinco de bronce en los Juegos Sudamericanos. En el 2013 se presentó al Grand Prix de Medellín con el ojo puesto en el campeonato mundial de Moscú. Luego participó en la Liga de Diamante con cuatro triunfos consecutivos para coronar esta sucesión alucinante con el oro que por primera vez brilla en la solapa de un país molido en guerras interminables y afrentosas componendas ejecutadas por quienes deberían dar ejemplo de pundonor.
Hoy la prístina cara de Colombia no asoma en esa ronda mezquina y poderosa que enturbia nuestra esencia. Nuestra mejor carta de presentación es esta muchacha donde el cuero de los primeros bisabuelos se distiende en una risa ancha como el esfuerzo de Colombia, la niebla colombiana de los Andes, el acre olor de nuestro Pacífico occidental, las trochas, los pantanos, la guambiana de frío, la campesina que concibe y siembra. Ésta es nuestra Colombia, la cierta, hecha a retazos, a mordiscos, a duelo; creciente desde adentro, salada y ambiciosa, como esta Caterine Ibargüen surgida para orgullo patrio en Apartadó, departamento de Antioquia, república de Colombia, América del Sur.



