CARMEN PAREDES PARDO


Imagen: http://sabiamenteediciones.com/


«Payé», le decían, y Sophia Rodríguez Pouget ha decidido conservar este sobrenombre como título de un libro de la poeta payanesa Carmen Paredes Pardo (1907 – 1980).
Solitaria y brumosa, me recuerda a Emily Dickinson por su actitud de retiro del mundo, aquella singular poeta estadounidense, quien entre encierro y laberintos solitarios labró una sorprendente obra que, prácticamente, sólo se conoció después de su muerte.
A Doña Carmen la recuerdo levemente, ora asomada en su balcón solariego, ora caminando lenta por andenes del centro de la ciudad, y siempre portando un pañuelo que colgaba de su mano como refrán de identidad. No fui amigo de ella; nunca hablé con ella, excepto ahora que he leído su libro de poemas; y eso, si leer poemas es hablar con el autor de ellos… ¡y sí que lo es! Porque siento como si me hubiera recibido en visita y atendido desde su mirada entrañable pero distante. Y la veo como reserva del tiempo, de un tiempo que se fue pero habla, de un tiempo que vuelve y volverá, de un tiempo de soledad y añoranza, vehemente y gris, sistemáticamente nostálgico, como una queja. Pero bella queja aparejada con intimidad confesional, con el lirismo de su propia estancia, con la hondura de un mundo privado, de color vespertino, fungiendo como lucha y esperanza a través de la palabra y la musicalidad del verso. Es como si sus estrofas fueran su tabla de salvación en un retiro ensimismado, adonde ella vuelve reiteradamente con su demanda existencial. Y entonces los porqué, los dónde, los quizá… son su mirada a sí misma acudiendo a su llamado en busca de espejo para hablar.
Loable trabajo de la editora, la comunicadora y escritora payanesa Sophia Rodríguez Pouget con su excelente nota de presentación («Paye, el hechizo poético»), el haber acunado y escudriñado analíticamente esta bella edición de sonetos y poemas de Doña Carmen, 56 textos reunidos desde 1954 hasta 1971, con muy interesantes notas, además, de Juan Lozano y Lozano («Carmen Paredes, poetisa de la desolación»), de Gloria Cepeda Vargas («Carmen y su poesía»), de Darío Vicente Paredes Chará («Carmen Paredes Pardo, Paye»), y de Octavio Gamboa («Los trabajos y los días, Los versos de Carmen Paredes), más unas pocas fotos de recordación familiar y unas viñetas decorativas.
Su poema» Añoranza «lo dice todo:
«Extraño mi pasado.
Añoro la tristeza,
los fracasos,
el amor que llegaba
y moría en el olvido,
el anhelo infinito
de llegar a la cumbre
y arder sin consumirme,
arder como la lumbre.
Añoro mi pasado
con su sabor amargo
y no este estancamiento,
este absurdo letargo.»
**RVQ**
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One comment
Adolfo Valderrama
domingo 21 julio, 2024 a las 4:30 pm at 4:30 pm
Excelente artículo. Mi más sincero agradecimiento a RVQ por su aporte a nuestra cultura.
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