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Sábado, 10 de octubre de 2026

CARA, CUERPO Y SELLO DE LA POESÍA

poesía - poetas
Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano
Poesía
http://necesitodetodos.org/2014/10/que-es-poesia/

La Poesía. Tiene nombre de mujer y nunca se ha casado con hombre o con mujer. Ha salido de boca de mujeres y hombres y nunca se ha quejado de su acento. A todos ha honrado y permite que la busquen atrevidos o infames. Ángeles y demonios la han llevado a vivir consigo y santas y santos han vivido con ella en los conventos.

Dicen algunos que la encontraron en el yermo, en la soledad o la desgracia, frente a una tumba o en medio del frío de las tundras. Dirán otros que es una Reina, pero ella jamás ha vivido en palacios ni fue hallada en una caverna entre monedas de oro ni florece en jardines abonados con dinero. Como a la justicia, a la poesía se la ha visto desprovista de adornos y de alhajas. Huidobro dijo que no es una rosa con pétalos rojos o amarillos, pero cuando nace en un poema debe el poeta hacerla resplandecer como una de ellas.

La poesía es austera, a nadie le ha mostrado su verdadera cara. Viste de velo y quien conversa con ella solo oye queda su voz e intuye su hermosura. No permite que la adulen ni que nadie hable en su nombre. Quien la ha oído sabe que la encontró entre la tormenta, en la alborada, en el llanto de un niño, alumbrada con la sombra de la noche sobre los montes, como Virgilio, o doblada por el dolor en una cama o en el cementerio, o sumida de frío en un gota de lluvia en la ventana. Nunca la podrá encontrar en una parranda ni tomándose fotos en una comedia. No es amiga de los selfies ni de las fruslerías. Más bien busca estar, como Alfonsina, en el fondo del mar entre caracolas y caballitos fríos, como los pintó el poeta de Fuente Vaqueros.

Ah, difícil que es llamarse alguien poeta. A quien se le puede llamar así es porque en sus versos se esconde pudoroso el eco de la voz de la Poesía. Porque se siente el timbre de su lira, porque alguien logró recoger un gadejo de su cabello o logró divisar de lejos su paso y su figura, como Silva, o porque vió los rayos de su luz entre la tempestad, como Homero o Shakesperare o Beethoven, o porque acompañó a Beatriz y a Virgilio para que oyera los ayes de los condenados en el infierno de las fiestas de las Cortes de la época del Dante.

Pobre de ti, Poesía, que alguien te invoque desde lugares distintos a los que habitas. Que alguien ose hollar tus huellas o pretenda camuflar tu apariencia en medio de perfumes y fantasía. Tú llegas, de pronto, de incógnita a un tablado, se sobrecoge el árbol y los pajarillos cesan su canto. Y cuando hablas el silencio se oye y el cielo abre un poquito su manto para iluminar tu rastro. Nadie quiere aplaudir sino querer retener el eco y el vaho de tu presencia. Ese será el final de todo recital y la despedida de tus fiestas.

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