CAMINANTES, SÍ HAY CAMINO


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
Amaneció algo lento el día primero. La mañana estaba opaca y el río aún parecía dormitar en su lecho. Tomados de las manos salimos, como pajarillos a otear las arboledas y el paisaje verde. Solo oíamos el monótono chirrear de los grillos y, de pronto, aparecieron sin previo aviso, dos carpinteritos sobre la cima de un poste de cemento, junto a su nido. Cosa rara y postmoderna, nos pareció. Ellos, por lo visto, ya se han puesto el overol del obrero actual, aunque conservan su copete rojo y su pico de hacha.
Se me ocurrió que así como el gavilán, el Martín pescador, la iguana por entre ramas, las garzas de grácil cuello, los pilotos de avión, el beduino en el desierto, los bogas en los ríos o el capitán de un barco, siguen el curso que trazan de antemano. El caracol y la tortuga con su aparente lentitud también siguen su camino por entre la arena y dejan el rastro de su paso.
Cuando apenas nace el bebé y sale del vientre de la madre mueve los bracitos y aletea con sus pies el aire como delineando un camino. Más tarde, a golpes o tropezones, el joven aprende a encontrar su senda. A andar erguido con la frente alta en los retos y amenazas. Sortea los peligros, oscuridades y delirios. Errando se aprende a herrar, dicen metafóricamente los herreros.
Cada quien tiene su camino por delante o al lado. Unos lo encontrarán muy pronto, otros tardarán un poco más. No hay una medida fija ni las metas tienen la misma altura o grados de dificultad. Unos hallan su tesoro por casualidad, otros con ayuda y otros deberán intentarlo varias veces como el atleta que alza pesas o vuela por el aire en el salto largo.
Alcanzar el éxito, en general, no es tarea de un día ni de un mes. Tal vez, – es lo más seguro – se conseguirá a costa de sudores, ensayos y caídas. Solo el crimen consigue grandes riquezas de inmediato, nos lo dice la experiencia y alguien lo dijo gráficamente.
¿Quién dijo que las aves no hilan, ni venden en las ferias de artesanía y tienen comida? Pero cada mañana salen a buscar las pajitas para hacer su nido, hacen los ritos para enamorar a su pajarita y al regresar a la rama donde moran llegan con el buche lleno de semillas o insectos. Es la ley de la vida animal, vegetal y humana. Hasta las piedras se demoran siglos para conseguir su dureza, como el diamante.
Los caminos no solo son de rosas, ni empedrados, ni autopistas de cuatro calzadas. Hay caminos invisibles, teorías que demoran años en probarse y consolidarse y pueden de nuevo caer y de volver a pregonarse. No hay caminos iguales, a la medida, ni alguien tendrá la misma estatura o ingenio para acometer una aventura que termine en éxito y consiga la fama que Shakira o D´Artagnan. Solos, con asesor o en grupo, cada quien encontrará el camino que le trazó Fortuna.
01-01-15 12:11 p.m.




