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Martes, 6 de octubre de 2026

Calamidad pública en el municipio de Puracé

Calamidad pública en el municipio de Puracé 1

La actividad del volcán Puracé mantiene en alerta naranja al municipio, donde la caída de ceniza afecta el agua, los cultivos, los animales y la salud de cerca de 3.600 familias. La declaratoria de calamidad pública busca facilitar recursos para responder a una emergencia que ya supera la capacidad ordinaria de la administración local.

La ceniza cae sobre los techos, cubre las carreteras y se acumula en los vehículos estacionados desde las primeras horas del día. Cuando pasan buses, motocicletas o camiones, el material volcánico vuelve a levantarse y forma nubes densas que dificultan la respiración y provocan molestias en los ojos.

Así transcurren los días en Puracé, municipio del oriente del Cauca que permanece bajo alerta naranja por la actividad del volcán. Las emisiones han formado columnas de ceniza de hasta 3.500 metros de altura y, según la información divulgada durante la emergencia, se han registrado expulsiones de hasta 4.200 toneladas diarias de dióxido de azufre.

Calamidad pública en el municipio de Puracé

La magnitud del fenómeno llevó a la Administración Municipal a declarar la calamidad pública. La decisión permite disponer de herramientas jurídicas y presupuestales para adquirir tanques de almacenamiento, entregar agua potable, distribuir alimentos y atender las pérdidas registradas en la producción agrícola y pecuaria.

En Coconuco, cabecera municipal, la emergencia se percibe en las calles. Los fuertes vientos remueven la ceniza depositada sobre el pavimento y reducen la visibilidad. Quienes deben permanecer durante varias horas en el centro poblado se cubren el rostro como pueden para disminuir la exposición.

En las veredas cercanas al volcán, varias fuentes hídricas presentan una coloración gris y un fuerte olor a azufre. Las comunidades advierten que el agua ya no puede consumirse con normalidad y reclaman el envío permanente de agua potable.

Los niños constituyen otra preocupación. Las familias advierten que la exposición prolongada puede agravar las afecciones respiratorias, especialmente en las zonas donde la ceniza cae de manera constante y vuelve a levantarse con el viento.

Los campesinos y las comunidades indígenas también observan cómo el fenómeno compromete sus medios de subsistencia. Cultivos de papa, fresa, cebolla, ulluco y otros productos propios de la región presentan afectaciones por la acumulación de material volcánico.

La ceniza cubre las hojas, altera el suelo y reduce la capacidad de las plantas para desarrollarse. En las áreas ganaderas, el temor se concentra en la contaminación de los pastos y las fuentes de agua utilizadas para los animales.

De acuerdo con los testimonios recogidos en el territorio, los habitantes no recuerdan una actividad volcánica de esta magnitud durante los últimos 75 años. Para varias generaciones, esta es la primera vez que observan una emisión de ceniza tan persistente y con efectos tan extendidos sobre la vida cotidiana.

La Administración Municipal ha iniciado la entrega de agua y alimentos en algunas veredas, sin embargo, los recursos locales son limitados y la continuidad de la actividad volcánica podría desbordar la capacidad de respuesta.

La población necesita agua potable, asistencia alimentaria, protección para las vías respiratorias y los ojos, apoyo veterinario y acompañamiento técnico para evaluar las pérdidas de cultivos.

La declaratoria de calamidad pública representa una herramienta para acelerar la atención, pero las comunidades esperan una intervención que vaya más allá de las primeras entregas. La contaminación de las fuentes hídricas exige sistemas de abastecimiento continuos, no respuestas ocasionales.

También será necesario determinar el impacto económico de la ceniza sobre las familias productoras. Para quienes viven de unas pocas hectáreas, de sus animales o de pequeños cultivos, la pérdida de una cosecha puede significar la desaparición de su principal ingreso.

Mientras las autoridades mantienen la vigilancia sobre el volcán, la población intenta adaptarse a una rutina alterada por el olor a azufre, la ceniza suspendida en el aire y la incertidumbre.

El volcán continúa activo y las comunidades permanecen atentas. La prioridad, advierten sus habitantes, es garantizar agua potable, atención en salud y apoyo para proteger aquello que sostiene la vida en la montaña: la tierra, los animales y los cultivos.

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Imágenes conceptuales generadas mediante inteligencia artificial.

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