BRUNO Y LA CUADRATURA DEL CÍRCULO

Rodrigo Valencia Q © / [email protected] / (Entrego esta nota como complemento al escrito publicado sobre la película del proceso a Giordano Bruno: http://www.proclamadelpacifico.com/2016/04/giordano-bruno-hereje-1973.html)
RVQ: Maestro, mis reverencias, y perdone mi impertinencia. ¿Le puedo preguntar de dónde viene?
Giordano Bruno: Tú lo sabes: atendiendo tu invocación, vengo del antiguo y eterno reino de los filósofos, adonde pocos llegan sin extraviarse por senderos superfluos. Allí, en el templo presidido por el caduceo de Hermes, sube eternamente un aroma delicioso hasta la morada de los dioses; destilamos la quintaesencia, abstraemos el ente, ascendemos en contemplación hacia la Unidad, gozamos de la armonía y la gran felicidad del alma que surge cuando se la despoja de todas las cosas exteriores, vanas e inútiles; es decir, nada que tenga que ver con las búsquedas filosóficas de hoy.
RVQ: No me alcanzaría toda una vida para agradecerle, Maestro, pues sabe la gran admiración que le profeso. Sus palabras me recuerdan lo que dice Sócrates en el “Fedón” de Platón, acerca de lo que debe ser el verdadero filósofo, así hoy se busquen otros paradigmas, como dicen. Y le confieso que no puedo evitar una rabia infinita cada vez que me acuerdo de la sentencia que le aplicó a usted la inquisición, en Roma: “Condenado a morir en la hoguera el 17 de febrero de 1600, en Campo dei Fiori, por hereje, contumaz, pertinaz e impenitente”.
G B: No me recuerdes a esos falsos teólogos; dejemos que se queden atrás y se confundan aún más en su templo, donde se asombrarán inútilmente con todos sus semejantes. Allí nunca podrán experimentar esos heroicos furores que lo llevan a uno a la verdad y a la divinidad, y eso es ya bastante castigo para ellos.
RVQ: Es cierto, Maestro; nada más malo que vivir alejado por siempre de la Verdad; es como vagar en un desierto sin término; extraviados, nunca podemos llegar al solaz y descanso. Precisamente por ello, yo, aficionado irremediable a refugiar mi ignorancia fundamental bajo la sombra de los sabios, he leído, entre otras, sus obras “Mundo, magia y memoria”, “Del infinito universo y los mundos”, y “La expulsión de la bestia triunfante”. El nuevo modelo del universo inspirado en su época por Copérnico, hace de usted un instaurador de ideas trascendentes; pero hay algo que me inquieta en lo referente a su propuesta para solucionar la famosa “cuadratura del círculo”, pues usted dice en “La expulsión de la bestia triunfante”, por boca de Minerva: “(…) quiero enviar a los geómetras un regalo incomparablemente mayor y mejor (…) que cualquier otro que se les haya ofrecido hasta el presente (…), ya que en virtud de la contemplación de la igualdad existente entre el máximo y el mínimo, entre lo más exterior y lo más interior (…), una vía que demuestra no sólo cómo el cuadrado se hace igual al círculo (…), en lo cual no resulta menos igual la línea a la línea que la superficie a la superficie, el área al área y el volumen al volumen en las figuras sólidas (…).” Y enseguida usted hace trazar un círculo, un cuadrado exterior tangente al mismo círculo, y un cuadrado inscrito en ese círculo. Pero yo veo, según el diagrama geométrico que aquí resuelvo, aplicando el teorema de Pitágoras, y haciendo los correspondientes reemplazos en las relaciones establecidas, que la dimensión de AF, fundamental para calcular el perímetro y área del cuadrado rojo en cuestión, da como resultado: AF = R(0,8535); de modo que el perímetro sería 8AF = 8R(0,8535) = R(6,8280), diferente al perímetro de la circunferencia, 2R(3,1416) = R(6,2832); y el área del cuadrado rojo sería 2Af al cuadrado, = 2R(0,8535), todo al cuadrado = 2,9138 por el Radio al cuadrado, área diferente a la del círculo, 3,1416 por el Radio al cuadrado, según la geometría, resultados que desdicen su propuesta…
Pero en ese momento el Maestro Bruno se puso radiante porque apareció Sofía, la Sabiduría y, tomándolo del brazo, rápidamente lo llevó consigo, seguramente al antiguo reino de los filósofos. Y entonces yo quedé perplejo y triste, como abandonado en un mundo en el que no me reconocía. Y así, bien frustrado por las circunstancias, me quedé rememorando esa sentencia de Giordano Bruno que dice: “La verdadera filosofía es tanto música o poesía como pintura; la verdadera pintura es tanto música como poesía; la verdadera poesía -o música- es tanto pintura como cierta Divina Sabiduría”… Y seguí solo por el camino, esa tarde, mientras buscaba yo ese “río que alegra la ciudad de Dios”; y en tanto, los árboles se veían más solitarios que nunca…
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