Brasil nos mató la ilusión

Podrá decirse que somos exagerados y tropicalistas en el reconocimiento. Pero no hay tal.
En los cuartos, Colombia jugó un gran partido, pero no le alcanzó y Brasil, pidiendo tiempo y con su “torcida” comiéndose las uñas ganó por 2-1, y nos mató la ilusión dejándonos a mitad de camino.
Un gol tempranero, cuando apenas se cumplían seis minutos, desniveló la pizarra y les amplió a los anfitriones la posibilidad de seguir en competencia, aspirando a su sexta corona mundial.
Thiago Silva, un defensa central, aprovechó el descuido de la defensa colombiana, porque Carlos Sánchez llegó tarde a marcar el cobro de tiro de esquina y ello fue suficiente para que los brasileños se fueran al descanso con la ventaja.
En la segunda mitad, sobre el minuto 23, David Luiz amplió el guarismo, dos minutos después de que el árbitro español Carlos Velasco Carballo, de mal desempeño, le anulara el empate a Mario Yépez por supuesto fuera de lugar.
El valeroso desempeño colombiano no podía irse en blanco, no era justo con uno de los mejores equipos del Mundial, y una falta del arquero Julio César a Carlos Baca, que había ingresado por Teófilo Gutiérrez, fue castigada con tiro penal que transformó James Rodríguez para el 2-1 definitivo.
Fue un partido vibrante, intenso, de guapos, prácticamente sin respiro, en el que, también hay que decirlo, Brasil hizo valer su condición de local, demostrando, con su poco fútbol, que le importaba más los fines que los medios para alcanzar el objetivo.
Hemos quedado, pues, por fuera del Mundial 2014, pero dejando una gratísima impresión, superando todos los pronósticos y con un fútbol que por primera vez nos llevó hasta los cuartos, donde nadie imaginó que podíamos instalarnos.
Colombia, entonces, le ha dicho adiós al Mundial, pero la verdad es que no tenemos de qué lamentarnos.
Por el contrario, tenemos que sentirnos orgullosos del grupo de jugadores que nos representó, del cuerpo técnico y de las esferas directivas, porque nos propiciaron un sueño hermoso y nos llevaron hasta lo más alto del mundo, futbolísticamente hablando.





