¿Bodegones arbitrarios?


¿Bodegones arbitrarios?

Pareciera que las palabras no son inocentes y que muchas de ellas no nos prodigan un sentido o un contenido preciso y transparente de su significado. Es más, muchas de ellas parecen anunciar una ausencia de la relación que presumiblemente liga su significante con su significado.
Aquí el significado es un concepto, que se elabora y se encuentra en la mente. Y el significante es una imagen. Por lo tanto, el significado es lo que la imagen quiere decir, es el mensaje que pretende comunicarse. Simplificando, el significado se refiere al contenido de algo, de algo que puede ser un objeto, un signo o un cuadro. Y el significante es la forma que adquiere o la manera en que se plasma el objeto, el signo o el cuadro. En nuestro caso, un bodegón convertido en cuadro, es algo que entraña, por medio de las imágenes en las que se presentan, los fragmentos de un lenguaje que anhela comunicarnos algo.¿Qué quieren decir mis bodegones? ¿Por qué decido nombrarlos como bodegones arbitrarios?
Cuando me planteo esas preguntas, me confundo. Y carezco de certidumbres o de seguridades para intentar una respuesta válida. Pienso que el cuadro mismo debe suscitarle a quien lo contempla la posibilidad de esas respuestas. En este caso, yo como “pintor” soy solamente el iniciador y el incitador de ese inevitable diálogo que acabará sosteniendo el contemplador de una obra con la obra contemplada.En el casi inabarcable universo del lenguaje artístico, no hay verdades sagradas ni absolutas. No hay verdades que pretendan conquistar certidumbres racionales. En lo fundamental hay interpretaciones subjetivas, significaciones existenciales, con las cuales todos elaboramos una respuesta cualquiera, satisfactoria o no, sobre lo que el objeto artístico le comunica a nuestras emociones y a nuestros pensamientos.

¿Entonces por qué arbitrarios?:
Arbitrario, en el uso habitual del habla y del lenguaje, es vocablo o más bien “concepto” que induce a imaginar que es algo que designa o se refiere a elementos caprichosos, algo que se presume trasgrede la lógica, algo que cuestiona el ordenado universo de lo racional.Pero es más que evidente que aceptar esa definición, es limitar, mutilar y empobrecer la pluralidad de significados que saben anudarse a las palabras, por ahí se ha dicho que las palabras son fuente de confusión, que las palabras no son inocentes, como no lo son los símbolos, ni los signos. A veces, muchas veces, son formas que se congelan, se petrifican y pierden su vivacidad, a causa de ese uso rutinario que hacemos del lenguaje, y de nuestras percepciones. Es lenguaje que se nos convierte en costumbre impositiva, en costumbre que al imponerse aceptamos por intermedio y a través de las palabras mismas. De manera inconsciente terminan también por negarnos muchas posibilidades de interpretación de las realidades del mundo en el cual vivimos y al cual pertenecemos como seres sensibles y consientes en busca de significados verdaderos.
Posiblemente, YO, que antes que pretenderme pintor soy un escritor, asumo, a lo mejor de manera irresponsable el acto de pintar; pintar sin tecnicismos y sin artificios convencionales de academia, mis cuadros. Pintar en mi caso no es una manera de pensar si no una caótica pero deleitosa forma de sentir. Mi relación con la pintura es de manera esencial una relación emocional; a lo mejor solo intuitiva; un proceso indescifrable de plurales emociones me vincula al acto espontaneo, probable y, afortunadamente “irracional”, para expresar formas pictóricas, para crear un espacio donde solo y privilegiadamente el color ejerza sus luminosos y armoniosos hechizos, con los cuales se anhela que algunas imágenes se queden enamorando las pupilas.
Quizá la pintura de bodegones, en estos tiempos donde se desvanecen y trasgreden casi todas las formas tradicionales y consagradas de la expresión artística, evoque una especie de melodía nostálgica y antigua, ya que el bodegón ha sido una temática que durante siglos acogida con entusiasmo y hasta con frenesí por muchísimos artistas, tanto del pasado lejano como del pasado reciente. No me inquieta esa bella y evocadora nostalgia por formas y modos de pintar, donde la preocupación esencial fue rendirle culto a esa noción y realidad profunda y, tantas veces enigmática, con la cual se nombra la belleza. Un bodegón, de manera deliberada o inconsciente, intenta y busca una aproximación a ella.

Habitualmente se ha designado el bodegón con la expresión francesa de “natura morte” designación que ha prevalecido y que de cierta manera condicionó esta forma de darles contenido. Los holandeses por su parte, en el año 1650, utilizaron el término STILLEVEN que significa “vida quieta” para categorizarlo. Otros utilizaron la expresión de “objetos inanimados “Diderot se valió de la hermosa expresión de “CREACIONES SILENCIOSAS” para referirse a las obras de Chardin, que paradójicamente, fue el pintor que proclamaba que su esfuerzo pictórico se orientaba a transformar la naturaleza muerta en naturaleza viva.
Ninguna de aquellas designaciones congeló, ni limitó las cambiantes transformaciones, ni las posibles mutaciones, que han cristalizado en la forma expresiva de los bodegones, transformaciones que acabaron incorporando elementos de la más diversa índole. No son solo mesas irregulares, ni jarras desoladas, ni botellas indolentes, en las cuales se desmaya o agoniza una flor, los elementos que admite el universo del bodegón. Se trata de un universo abierto y complaciente, que acepta cualquier cosa que existe en el mundo y permita la elaboración de lo artístico. Es un mundo que puede ser habitado por las complejidades reales e irreales de la naturaleza, por objetos visibles, invisibles o sugeridos por la imaginación del artista. Un universo especialmente poseído por la inabarcable intensidad de las emociones. Es un universo mucho más vivo que muerto. El color retorna a la vida los elementos que pareciera la hubiesen perdido. Por lo mismo conviven, en su espacio pictórico y cromático elementos que hablan, se oponen, se contradicen o se armonizan, que se enfrentan, se desgarran, se aman, se acarician, copulan y hasta se odian por medio los tonos y los contrastes, de las luces y las sombras, de los silencios y las músicas, de las presencias y las ausencias. En su profundidad cromática puede cohabitar la pasión y la razón. La alegría y la tristeza, pueden participar todas las cosas, pues todas las cosas pueden ser pintadas si pueden ser sentidas.
Bienvenidos todos los que desean encontrar algo en los “paisajes” y en las músicas clandestinas y secretas, susceptibles de vibrar emocionadas en los colores de mis cuadros.
Víctor Paz Otero.Carrera 1 No 4-53. Popayán Barrio la Pamba.
Teléfono 311 5700 746.
Victorpazotero.Hotmail.com
************************
Otras publicaciones de este autor en Proclama del Cauca y Valle:




