BERGMAN, LA HORA DEL LOBO (1967)


Las películas del cineasta sueco Ingmar Bergman son diestras en exploración del lado oscuro del alma humana; en este sentido, «La hora del lobo» es obra maestra.
Después de casi cincuenta años de haberla visto por primera vez, la intensidad persiste, los parámetros sicológicos ahondan en la piel, el silencio interiorizante de las imágenes sorprende, el rictus existencial hiere con preguntas inquietantes…
¿Qué necesidad hay del color en las cintas del séptimo arte? Con blanco y negro se contaba todo: desde el apasionamiento de los cuerpos, los sentimientos más profundos, la angustia o alegría de los rostros, la intimidad, la soledad, el frío o calor de las atmósferas… Bergman hace arte como pesquisa sicológica, rastrea razones y sinrazones del ser humano. Intimista, surreal encuentro de alucinaciones que atormentan el invierno de la psiquis. Intimista y espantoso, se resiste a ser cambiado por frágiles aleluyas del ingenuo que no ha visto el fondo de las cosas. Intimista como el miedo, las cicatrices no se curan con olvidos, la eternidad oscura persiste aún entre las horas soleadas por el día. Intimista, el dolor se hunde entre los nervios, se impotencia ante tremendas obsesiones y recuerdos, anula cualquier latencia de esperanza. No hay remedio ante los miedos, no se trafica allí con paliativos del alma. Todo el tiempo estamos presenciando, en esas imágenes, la confusa amalgama entre la realidad y la persistencia de los pavores, entre el diálogo que implora una respuesta y el silencio que confirma su impotencia. Se huye de la realidad pero se la tiene que confrontar en todos los instantes. Se teme al espejo de los recuerdos más hostiles; se quisiera arrancar, por siempre, un crimen oculto en el silencio. Y las gentes, esas almas que depredan con sus risas, esa falta de medida para juzgar el delirio ajeno, la realidad inquisitorial deambula sin perdonar nada. Ese artista solitario no logra evadirse del cinismo de la hipocresía; ni el prójimo, primer acusador de las latitudes esquivas del alma… O todo es total alucinación sin medidas…
Con Liv Ullmann y Max von Sydow, esta cinta de 1967 perdura con fuerza inquietante. Pocas pesadillas tienen esta cadencia expresada magistralmente en claroscuros.




