Balance esquemático y prudente de la BIAM

León Gil:
Samuel Vásquez, fundador y director del Taller de Artes de Medellín, quien además fuera (junto con Leonel Estrada) gestor y curador de la primera Bienal de Arte de Medellín en 1968, ha escrito un categórico, preciso y contundente «Balance esquemático y prudente de la BIAM 2025».
Y es deplorable y censurable que los canales oficiales de los medios de comunicación como el periódico El Colombiano, Teleantioquia, Telemedellín, RCN y Caracol (y las diferentes plataformas); entre otros, no le den a su crítica-denuncia la difusión que exige y amerita, pues nadie ignora que este multimillonario despilfarro se hace con recursos públicos; es decir, con los impuestos que pagamos todos.
Personalmente, sólo puedo decir que soy uno más de los miles de inasistentes a la BIAM 2025, pues el sólo hecho de saber que por ahí anduvo deshaciendo sus pasos y deshaciendo arte y artistas como curadora esa persona pedante, petulante, inepta y mediocre de Lucrecia Piedrahita ya es suficiente para repeler a cualquier visitante con un poco de olfato y buen gusto.
Gracias a este lúcido artículo de Samuel Vásquez, escrito con autoridad y conocimiento, puedo confirmar que mi olfato e instinto no me defraudaron, y que; por el contrario, me ahorraron el tiempo, el dinero y la impotente indignación que hubieran implicado el visitar cualquier sede de la fracasada BIAM 2025.
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BALANCE ESQUEMÁTICO
Y PRUDENTE DE LA BIAM

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Por Samuel Vásquez LA ESENCIA DE UNA BIENAL: LAS OBRAS DE ARTE
Excepto dos o tres, la totalidad de las obras ya han sido vistas en anteriores exposiciones, la gran mayoría mostradas por galerías comerciales, de mejor manera y con más respeto. La expresión francesa déjà vu es precisa para definir la experiencia de la BIAM. Una Bienal no busca ser la recopilación del trabajo ya hecho por las galerías. Para eso las mismas galerías inventaron las Ferias de Arte. No tiene sentido duplicar acciones a tan altos costos, con el dinero público.
Esto nos permite señalar con seguridad el fracaso absoluto de la Curaduría de la BIAM. Dos curadores no fueron capaces de reunirse a discutir sus conceptos, visiones y preferencias: entonces cada uno armó su rancho aparte, y eligió las obras a su amaño, sin que tuvieran relación unas con otras. El resultado es una miscelánea caprichosa carente de sentido. Hay obras de los años 60, 70, 80, 90… hasta 2025… al garete, sin ton ni son. Pero lo que es peor, ningún artista está representado por lo mejor de su obra. Son obras recogidas de lo que se encontraron por ahí en los talleres o galerías. Y, sobre todo, no hay obras que muestren poéticas inéditas, nuevos senderos para el proceso al interior de su propia obra, ni para la evolución del arte colombiano.
¿Internacional? ¿…?
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MONTAJE
Es el peor montaje de una exposición que he visto en toda mi vida, contado los museos, galerías, ferias y bienales de Europa y América.
El amplio espacio y la gran altura que ofrece el antiguo edificio de la Colombiana de Tabaco, incita a soñar en estupendas posibilidades e ideas maravillosas para realizar un montaje apropiado y digno de las obras. Pero al montajista de turno le sobró espacio… y se encartó. Le pasó algo parecido a lo que le pasa a un niño de cinco años cuando se pone los pantalones del papá. Estorba ese agrandamiento, ese espacio sobrante. Pero para simular su aprovechamiento cabal, las obras fueron regadas sin criterio alguno por el ancho espacio… no montadas. Todo el espacio está constituido como de tránsito. No hay lugar para la lectura detenida e interesada, para la atención debida… o para el recogimiento, para la contemplación.
Obras delicadas como las de Álvaro Marín, Ronny Vayda o Andrés Sierra, que necesitan un tiempo para su “lectura” sutil, están dejadas ahí, en un corredor, como abandonadas, como “después volvemos por ellas”, y el escasísimo público asistente pasa de largo… sin ser tocado. Este tipo de obras necesitan un sitio que recojan la atención del espectador y lo detengan un rato, para que acaricien su cerebro, para que estrujen su mirada.
Un video como el de Clemencia Echeverri “construido” con plásticos negros arrugados, de los que usan los camiones para cubrir los escombros que transportan, atenta contra la fina solución de sus imágenes. Con esos mismos plásticos están “construidos” todos los espacios cerrados, ambientales o desambientados.
La única obra espacial bien montada es “Resonancias” de Jeison Sierra.
Todas las obras expuestas en la Colombiana de Tabaco, caben en piso y medio de esa edificación de tres pisos. Los regueros de tres o cuatro obras puestas en el Edificio de la Cultura, Cámara de Comercio y otras salas, que de manera inexcusable no tuvieron un mínimo de público, pudieron ser ubicados en la Colombiana de Tabaco… pero… había que agigantar la muestra… que la cantidad esconda la falta de calidad…
Los generosos espacios son muy superiores como posibilidad al montaje realizado por la BIAM.
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RECEPCIÓN
En cuatro visitas que hice de más de tres horas cada una, no había diez espectadores. En el Palacio de la Cultura, ni un espectador. En la Cámara de Comercio dos personas. El fracaso de asistencia es evidente. Después se inventarán cifras abultadas que nadie podrá discutir, porque serán “cifras oficiales” impresas en documentos de los organizadores.
La muestra de los grabadores en la Biblioteca Piloto fue realizada por los mismos grabadores, y escapa a muchos defectos de la muestra general.
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IMPERDONABLE
Dos de los artistas que transformaron y enriquecieron su obra gracias a la II Bienal de 1970, son Bernardo Salcedo y Beatriz González.
En esta BIAM la obra de Salcedo está tirada, arrinconada, constreñida, al margen de la exposición. Si Salcedo estuviera vivo sabrían de su rigor, de su severidad, de sus demandas ante semejante abuso. Y si, como es evidente, sobra espacio ¿por qué arrumbaron esa obra? Nadie les obligó a incluirla.
Además, me parece un cinismo injustificado colocar en la entrada de Salón principal el cartel que Beatriz González envió a la mal llamada IV Bienal:

¿Qué quieren advertir los curadores con este cartel al gobernador de Antioquia, o al público asistente?
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CODA
Ni la intuición poética, ni la sensibilidad artística, ni el conocimiento estético se asaltan con un hábil ejercicio de influencias y cabildeo. Las capacidades se demuestran con hechos, no con videos en televisión y redes sociales.



