¡AY, AY, AY!, CAÑO CRISTALES


¡AY, AY, AY!, CAÑO CRISTALES

Lo he visto en Facebook y no lo podía creer. No he ido hasta allá y lo tengo entre mis ojos. Lo he guardado desde el primer día que lo vi por Internet. Y todos los colombianos lo conocemos como gran riqueza nacional. El Río de los Siete Colores forma ese caño coloreado y cristalino. Belleza nacional que no se puede trastear ni vender porque de serlo ya tendría dueños y estaría en manos de álguienes.
Pero, sí. Tiene enemigos y envidiosos. Nos lo están mostrando ahora los medios virtuales. Hay tala indiscriminada por todos sus flancos. Como a caballo fino le quieren quitar, arreos, orejeras, sombra, luz, hasta el pasto, árboles y paisaje. A los depredadores no les gusta ni les importa la belleza del lugar ni talar ni acabar con el agua. Les interesa el negocio, el ruido del aserrío y de los árboles que caen muertos sobre el nudo y raído suelo.
Colombianos y extranjeros realizan excursiones para ir a visitar este Caño. Es de las pocas maravillas de este género en el mundo. Apareció ante el público hará unos 20 años. Pero, de seguir este estropicio inhumano y salvaje, pronto ya no correrán esas aguas hasta el lugar del Caño de los siete colores.
Caño Cristales es como un pozo algo largo y no profundo. Por su lecho hay arenas que reflejan el ambiente, hay piedras que algún duende una noche les echó achiote rojo, esmeraldas y hasta el cielo le prestó su azul oscuro. También aparecen en su correr coloreado, el amarillo azufrado, el vino tinto, el marrón y un púrpura violáceo. Ninguna diva jamás pintó su cara y ojeras con tanto color como este caño colombiano.
Caño Cristales es eso. Una cañada que corre, unas aguas que se pintan con las arenas de su fondo y se cuelgan piedras preciosas en sus orejas, ondas y vetas. ¿Cuántos turistas lo han visitado desde que alguien lo descubrió y vendió la idea? Es un sitiazazo. Un pedazo del largo río. Rodeado del bosque de la sierra de La Macarena en el Departamento del Meta.



