Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Viernes:
Popayán 7 y 8
Cali 7 y 8
Viernes, 2 de octubre de 2026
miércoles 20 mayo, 2015 a las 4:31 pm

ANTORCHAS CONTRA EL VIENTO

Paul Disnard

Hermosas y libres como el viento
cantan a la vida.

El amor en el escudo es una fortaleza inexpugnable.

Cabalgan con la aurora hasta más allá de los confines del día.

De hinojos las amaron como diosas los poetas,
pero en las noches en el sueño las hacen prisioneras.

Brillan en el horizonte las estrellas
¿en cuál de ellas estás tú?

Paul Disnard
Paul Disnard

Pero en la noche el sueño las hace prisioneras….

Distante pero no inalcanzable, se extiende la estepa llenando el vacío con el ruido de los carromatos en movimiento lento y constante, el fastidioso ladrido de los perros que no cesan en su intento de mordisquear las patas de los caballos, cuadrúpedos pequeños, ágiles, a veces tan rápidos como el viento que despeina las altas hierbas y se desliza por la pelambre húmeda de sudor, el implacable galopar que le impone el jinete no lo claudica, lo ha hecho fuerte y resistente, se conoce su raza y su valía entre las tribus vecinas; sucio también el hombre por el sudor que empapa la ropa, que deja huellas malolientes en las barbas largas y ásperas, en los gorros de piel de zorros y liebres, el consumo frecuente de la carne grasosa de los equinos sacrificados en las postas le impregna ese olor característico que lo identifica entre la mucha gente que coincide en el remate y venta de esas cabalgaduras de indiscutible belleza en los mercados y ferias, corceles que no se consiguen en ninguna otra parte e indiscutible cruce para las crías de los mongoles y tártaros que toda su infancia y vejez ha transcurrido a lomos de semejante milagro de las llanuras.

Los carromatos, arrastrados por bueyes, van acompañados de vacas y ovejas, lógica proveniencia de asentamientos dedicados al cultivo de la tierra y mantenimiento de animales que les proporcionan no solo carne y leche para los críos sino también la materia necesaria a la confección de vestimenta apropiada tanto para la temporada de los calores violentos como del frio que baja a temperaturas insoportables. El frio y el calor desproporcionados son una consecuencia natural de la estepa a la que están ya acostumbrados los grupos humanos que, al llegar a las orillas del Ponto, decidieron reemplazar los carromatos, propios de las características de la vida nómada, por habitaciones primero construidas con troncos de árboles y un poco más tarde utilizando, como en la preparación de la terracota y de la cerámica, barro cocido mezclado con paja y boñiga a manera de pegamento.

Tuvieron allí en la costa del Mar Negro un contacto ocasional y vital con un voluminoso grupo humano que se preparaba, como lo hicieron sus antepasados en épocas pretéritas, para atravesar las aguas y llegar a la otra parte del continente. Grupo heterogéneo, mestizaje con una etnia misteriosa cuyo lenguaje no coincidía con los grupos conocidos, encima de los túmulos donde yacen abuelos, bisabuelos y tatarabuelos era dado encontrar estelas o losas con extraños signos imposibles de ser descifrados por los intrusos que empezaban a acaparar las mejores tierras próximas a la costa, tampoco sabían ellos de donde llegaron, estaban allí desde siempre, cierto en verdad que fácilmente se podían diferenciar de los demás por el pulcro y blanco ropaje demostración de su devoción a Kolo, su dios solar, al que también llamaban Belo o Bello y a una deidad lunar, Leyce o Iana Sandiana, su compañera.

antakya-sarcophag1

Sus antecesores habían sido constructores de naves, conocían los secretos y las corrientes del Ponto, por lo tanto un día emigraron en forma tumultuosa hacia regiones supuestamente más atractivas llevándose a las mujeres jóvenes, las ancianas, los niños y los abuelos se quedaron por ser vulnerables al peligro de la aventura, no obstante quedó entre ellos la habilidad de domesticar a las abejas, la miel un alimento milagroso de su etnia e indeleble huella de su identidad se hace presente entre aquellas familias que dejaron en los Balkanes antes de continuar su esparcimiento utilizando el Okeanus Potamus (‘), mucho más allá de las llanuras y bosques adyacentes al rio Alba, así lo bautizaron, sucesivamente quedaban atrás los ancianos y los niños, la aventura ha sido un ciclo irrevocable, a pesar de todo el tiempo tiene su apogeo, fueron en largos intervalos olvidados por las tribus ignaras que convirtieron su historia en una manta andrajosa de leyendas y mitos, sus reyes y reinas ingresaron al panteón de los dioses que tomaron prestados a la brava de los gloriosos desconocidos que les precedieron, se apropiaron de sus conocimientos y proscrito el idioma para no ser recordados, sin embargo en un rincón del Danubio, en Vincha, quedaron inscritos en piedra, losas y vasijas sagradas los símbolos de una escritura que favoreció el esfuerzo años más tarde de jóvenes historiadores de Serbia para descifrar lo que no pudieron destruir ni los advenedizos griegos ni los romanos, se hayan vestigios de una gran civilización neolítica cuyas desconocidas raíces se supone están dentro del mismo campo europeo, propiamente en la cuenca danubiana, y no en Asia Central de donde sacaron los germanófilos el embeleco de los idiomas indoeuropeos, bien se supone que se trata de la corriente de los palaeochtons o de los gegeneis, los primeros hombres de que habla Nikolae Densusiana en su prehistoria de Dacia.

TEBE, GUERRERA AMAZONA
TEBE, GUERRERA AMAZONA

Lejano el horizonte, sí, pero alcanzable al suave y constante trotar de los caballos y de la proverbial paciencia de los toros castrados arrastrando las carretas, los carromatos atiborrados de objetos de uso doméstico, mujeres y niños; a la zaga, a una prudente distancia, va un grupo singular y compacto libre de toda relación con los patriarcas, conocen la doma de caballos, el uso del arco y de las lanzas dentadas y agudas, se hicieron para el combate no para la vida placentera de los machos, conservan su frescura, la dureza de sus senos redondos como manzanas silvestres y la elasticidad de los músculos para competir con las gacelas, cabalgan con la aurora hasta los confines del día y disfrutan de sí mismas por las noches en torno a las hogueras y de los humeantes pucheros y calderos de cobre para mitigar el cansancio y el hambre, ríen y cantan, memorizan las historias de su pueblo y conservan solamente a las hijas que serán igualmente guerreras indomables, son sármatas, más tarde con los alanos y los celtas, remanentes de los pelasgos que regresan descendiendo del norte a los Balkanes y a las estepas de Rusia y Ukrania, harán parte de la génesis dejada por los gegeneis en las etnias que se conocerán al madurar algunas centurias como pueblos eslavos.

AQUILES
AQUILES

Heródoto hablará de ellas y Homero, que no puede ocultar su amor y admiración por estas reales hembras, dejará que en forma simbólica muera el dominio de las féminas a manos de Aquiles que dará muerte a una de sus reinas que habían llegado a Troya para defender y proteger a sus hermanas de sangre, pues eran las troyanas de la misma estirpe, como las de Frigia y Lidia, luchando contra los rapaces griegos ladrones camuflados en falsas alianzas.

Helena, animal de alcoba remilgada y pueril, fue el pretexto para armar navíos y tropas de invasión preparadas para el saqueo y el robo de las reliquias milenarias guardadas celosamente por Troya, como lo hicieran alemanes y austriacos en la primera y segunda gran guerra del siglo XX.

Tropas de asalto norteamericanas desvalijaron los museos de Irán y de Irak para acomodar la historia contemporánea de tal manera que justifique sus veleidades de grandeza. Así fue sepultada y olvidada Nubia por los faraones. En las dos grandes guerras del siglo veinte 40 vagones ferroviarios salieron de Serbia hacia Berlín y Viena ahítos con los archivos y volúmenes de indescriptible valor histórico, al no poder arrastrar con todo la aviación nazifascista bombardeó y destruyó la Biblioteca Nacional de Belgrado.

No muy lejos de los campamentos escitas, en las propicias llanuras vecinas al rio Don, en Ukrania y Rusia, se establecieron las mujeres sármatas dueñas de su contingente y ajenas al trajín doméstico que dejaron en propiedad a los hombres reducidos a servir a los escitas en sus expediciones de saqueo. Los escitas temían a estas mujeres, jamás pudieron sus hombres doblegarlas por lo contrario convirtiéndolas en enemigos feroces y perennes. Era tal su agresividad y arrojo que fácilmente contraían alianza con las etnias culturalmente más avanzadas.

Guerrera africana
Guerrera africana

Heródoto aplicaba el epíteto que los escitas les endilgaban: antianiras, las que luchan como varones. Cuenta Homero que Aquiles, al vencer y dar muerte al formidable guerrero que le había hecho frente durante un largo combate, lloró de indignación y dolor al descubrir, libre del casco que protegía su cabeza, que su adversario era una mujer de imponente hermosura, Pentesilea, la reina sármata.

Muchas otras también perecieron a manos de los enemigos de Troya, los historiadores de la antigüedad, entre ellos Quintín de Esmirna, Plutarco y Pausanias, exponen en una larga lista los nombres de estas guerreras, nombres que se destacaron en poemas épicos de la época que, como ‘’Etiópida´´, lamentablemente se han perdido.

Ariosto, en su ‘’Orlando Furioso’’, resalta la efigie de la reina Orontea, y una de ellas, cuya nave arrastró la tormenta fuera de Troya, fundó la ciudad de Cleta que lleva su nombre en Italia. En Samsun, Turquía, se levanta un imponente monumento en honor de las amazonas, las guerreras Ha-Mazan como fueron conocidas en el mundo persa.

Siguen ellas en pie de guerra, son como banderas, “antorchas contra el viento’’ diría Barba Jacob, las encontramos a diario en la brecha defendiendo lo que nunca será imposible para ellas, recordemos a la reina Boudica que inició la resistencia con sus hijas y un grupo de mujeres, hizo temblar al imperio romano, quemó Londres hasta los cimientos, finalmente los soberbios invasores de la isla fueron expulsados de Britania. Nzinga, de Angola, acabó con el dominio portugués; Yaa Asentewaa, de Ghana, logró con las mujeres de su bando plena victoria sobre los ingleses; A-Kahina, reina de las tribus nómadas de los Yarawa, frenó la invasión árabe en el Magreb. Florence Sands, una inglesa que obtuvo el grado de capitán del ejército serbio en la primera guerra mundial, participó en forma activa contra la invasión austriaca; Milanka Savic, un fogoso y hermoso joven, admirado por su arrojo y heroísmo en los combates en las guerras balcánicas, al caer gravemente herido las enfermeras descubrieron que era una mujer, en la actualidad, en la ciudad serbia de Kraljevo, se levanta un monumento en honor de esta amazona, y así unas detrás de otras estas mujeres guerreras estuvieron entre los partisanos que lucharon contra los ejércitos hitlerianos; en las peleas y escaramuzas por la independencia en Colombia Manuela Beltrán, Antonia Santos, Policarpa Salavarrieta y muchas, muchísimas mujeres anónimas que combaten y aún siguen combatiendo en el país del café, de la salsa y de las reinas de belleza por sus derechos, negados y menospreciados por una sociedad paternalista y cobarde que rinde pleitesía a los dioses del norte, los portadores de la estrella blanca de Ishtar representada en ese gigantesco monumento que se levanta en Ellis Island, frente a Nueva York, capital de Babilonia, US.

Sandoval-Vekarich

*****************************************

(‘) Okeanus Potamus – así llamaron los pelasgos al Danubio (el de las profundas aguas)

Rio ´´Alba´´, actualmente Rio Elba-

Nikolae Densusiana : Prehistoria Dacia,  Bucarest, 2001

Branko Gavela:  Los Pelasgos,  Srpska Akademia Nauka, Yugoslavia, l955

Sandoval Vekarich: En la otra orilla del viento (Iana Sandiana), Jamundi, 2012

Articulos relacionados