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lunes 21 mayo, 2012 a las 2:53 pm


ANTONIO PANESSO ROBLEDO, PANGLOSS, ADIÓS

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombiano

La Parca se nos ha llevado a Panesso Robledo de este mundo mortal. La vida nos conserva su memoria y sus escritos como en perenne mármol. Los faraones quedaron en mausoleos y los guerreros entre sus botas con tacones. Pangloss queda con su sonrisa volteriana mirándonos piadoso por entre sus columnas que no podrán demoler los años.

Lo conocí desde que empecé a conocer la diferencia entre el valor de El Siglo de Laureano y El Tiempo de los Santos. El primero me olía a doctrina, a canon, a látigo. Pangloss me enseñó el humor, el escepticismo, la crítica, el academicismo, – el amor por la palabra bien dicha -, el volterianismo en las ideas.

Pan-gloss, todo lo que puede parlar la lengua, era su apodo literario – no su “alias” -. Tal vez lo escogió en honor a Cándido, el personaje de uno de los libros de Voltaire. En esa palabra estaba definido su anticredo en algún dogma, su vastedad de pensamiento, su respeto por la verdad y la defensa de la libertad de las conciencias. Era un humanista, en el pleno sentido de la palabra. Lo que oliera a ser humano, a sangre derramada sin causa, a rebeldía intelectual, a salir de los surcos de la horda militar y clerical eran motivos de sus escritos.

Se nos ha ido un maestro del periodismo. Pangloss puso un hito, un punto muy alto, difícil de imitar. Con él quedaba bien Colombia y Bogotá mereció llamarse la Atenas Suramericana por el uso castizo y sonoro del idioma castellano. No tuvo el honor de ser nombrado en la Academia Colombiana de la Lengua pero la manejó con la pulcritud de un filólogo, sin rebuscamiento, con gracia y la blandió como El caballero de la tenaza para combatir la corrupción y el clientelismo.

Sí. Antonio Panesso Robledo, del robledal de Sonsón, fue un señor pensador, que no contemporizaba con el error gramático ni el político. Liberal de ideas, como Locke, Hobbes, Rousseau, Voltaire, Diderot o D´Alembert. Exquisito en la escritura, como Azorín y Alas, “Clarín”, de pluma ágil, cortada con cincel, punzante, contundente, al lado de los nuestros Baldomero Sanín Cano y Fernando González.

No solo El Tiempo lo llorará, aunque ya no sea de los Santos sino de un magnate de los bancos ante el que se inclinan hoy empresarios y políticos. Lo llorarán los periodistas colombianos, los filólogos, los pensadores, los que usan una Libreta de Apuntes para coger al vuelo una verdadera noticia, que valga la pena ser conocida, que tumbe un ministro, un expresidente, un defraudador del erario. Lo puede llorar también el ignoto aprendiz de escritor sin miedo de que le vayan a tapar la boca con un fajo o una amenaza.

El otro doctor Panesso murió antier oliendo a hombre de letras de linotipo a los 93 años. Qué falta que nos hace un hombre cuya cara parecía un martillo para las tiranías y las componendas. Su cuerpo será recogido por la tierra y allí se quedará como semilla, sembrado como una bandera roja en la luna.

No era Pangloss un santo y a nadie se ocurrirá prenderle una vela ante su tumba porque se levantaría a apagarla de inmediato. Él, hombre de raca y mandaca, sabía que era ceniza iluminada para que otros se la pusieran en la frente cuando leían lo que escribía.

Vaya este homenaje de quien recibió una mañana en 1970 la noticia en su columna de que a Drigelio Medina Perdomo, un juez valiente, había sido excluido de la nómina por haberme casado por lo civil, sin permiso de la curia bogotana.

21-05-12 – 9:58 a.m.

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