Antonio José Caballero Velasco


Después de haber estudiado en el Seminario de Popayán, intentando ser cura como su tío, el legendario padre Arcadio y su pariente el monseñor Velasco, párroco de San Agustín, en su juventud también se le midió al toreo lidiando broncos cebúes y bravos hartones criollos, en los corrales de la hacienda el Hato, propiedad de su padre y hoy urbanizada con el barrio La Victoria, al occidente de Santander de Quilichao, su entrañable patria chica a la que siempre añoró y a la cual no pudo visitar por algún tiempo, cuando denunció los estragos que estaba causando en la juventud, la heroína fabricada en las cercanías del pueblo.
Después que sus tendencias bohemias y mundanas, expresadas con sus contemporáneos sesenteros del café Gloria de Quilichao, le demostraron que no había nacido para cura, anduvo por varios colegios en Cali, vinculándose desde muy temprano a una emisora de Palmira, siguiendo el ejemplo de su medio hermano, Juan Harvey Caicedo, ya consagrado en importantes cadenas radiales del país.
Finalizando los 60 viajó a la España franquista a estudiar periodismo en la universidad Complutense de Madrid. Recién graduado demostró las habilidades que lo consagrarían como el acucioso reportero que fue, siempre en busca de la chiva, cuando rompiendo el protocolo, en los corredores del Vaticano, se le lanzó al recién designado papa Juan Pablo II, sacándole un saludo especial para Colombia. De ahí en adelante no dudó en medírsele a personajes de la talla de Fidel Castro, Gabo, Arafat, Pelé, Maradona, Felipe Gonzales, el rey de España, el presidente Clinton, Berlusconi, etc, etc, siendo el único reportero que logró entrar al Palacio de Miraflores en Caracas, en 2002, cuando el golpe contra Chávez, dando la primicia que este no había renunciado a favor de Carmona, tal como lo aseveraban los demás medios de comunicación.
De gran calidad humana, haciéndole honor a su apellido, a veces se le salía el Velasco, celoso de sus fuentes y molesto porque sus colegas se le pegaban como chicles, olfateando que por dónde andaba Antonio José, estaba la chiva.
En los últimos años se desempeñó como columnista del diario caleño El País y numerosos colegas lamentan que no haya escrito sus memorias recogidas en las vueltas al mundo que dio varias veces, entrevistando no sólo a estadistas y personajes de élite, sino recogiendo estampas llamativas de las vidas de los habitantes de países con diversas culturas.
Temprano se nos fue Antonio José. ¡Paz en su tumba! Acompañando a sus familiares.



