Antonio Bolívar Cardona y el regreso de una canción



Yo no sé de poesía. Y no lo digo como una pose ni como falsa modestia. Durante toda mi vida procuré no saber demasiado de ella, quizá por creer que, al diseccionar los versos para entender su técnica, perdería la capacidad de disfrutar su magia. Logré mi cometido. Nunca aprendí a hacer poesía; aprendí, simplemente, a dejarme habitar por ella, a disfrutarla.
Ayer llegó a mis manos el poemario De nuevo la canción, de Antonio Bolívar Cardona. Llegó, además, de la manera más improbable y generosa: traído por el propio autor hasta Santander de Quilichao, como si los libros también necesitaran caminar los territorios para encontrar a sus lectores.
Me detuve en el título. Me produjo una extrañeza familiar. Se lo dije sin demasiada seguridad, con esa prudencia que se tiene cuando la memoria parece estar jugando con uno: De nuevo la canción me remitió a otro tiempo, a otra lectura, a una obra que creí haber conocido hace muchos años, junto con El aire sembrado de señales. Antonio sonrió —esa sonrisa serena de quien sabe algo que el otro apenas empieza a recordar— y confirmó lo que yo sospechaba con una mezcla de sorpresa por mi propia memoria: no era un libro nuevo, sino una nueva edición de un poemario publicado hace más de treinta años.
Ese gesto —entregar de nuevo una obra antigua como si aún estuviera viva, como si todavía tuviera algo que decir— dice mucho del autor antes incluso de entrar en sus versos. Dice de su fidelidad a la palabra, de su paciencia con el tiempo y de su convicción silenciosa de que la poesía no envejece: solo espera.
Antonio Bolívar Cardona es uno de esos personajes raros y necesarios. Un hombre que ha transitado por la rigurosidad del derecho y la asesoría jurídica en entidades oficiales, sin permitir que esa lógica seca y normativa le clausure la respiración poética. Al contrario: transmite cultura por cada uno de sus poros vitales, como si la literatura no fuera una ocupación paralela, sino una forma de estar en el mundo. Nunca dejó de hacerlo. Ni siquiera cuando las responsabilidades administrativas parecían exigirle otro lenguaje.
Acercarse a su obra implica reconocer una trayectoria que se ha construido con constancia, paciencia y fidelidad a la palabra escrita. De nuevo la canción permite reencontrarse con una voz que conserva vigencia y que continúa dialogando con nuevos lectores. Este texto marca apenas el inicio de una aproximación más amplia a su obra y a su recorrido como escritor.
La dimensión humana de Antonio Bolívar Cardona acompaña su obra con la misma coherencia que ha marcado su trayectoria intelectual. En los últimos años, su vida ha estado atravesada por el diagnóstico de párkinson, una condición que ha asumido con serenidad, lucidez y una disciplina que despierta respeto. Su manera de enfrentar esta realidad ha generado comprensión, cercanía y respaldo entre quienes lo leemos, lo escuchamos y lo acompañamos desde la admiración intelectual y el afecto personal.

La enfermedad no ha alterado su vínculo con la palabra. Al contrario, la escritura continúa siendo un espacio de ejercicio consciente, de presencia activa y de diálogo con los temas esenciales que han acompañado su poesía desde los primeros libros: el amor, la muerte, la condición humana, la fragilidad compartida. Esa persistencia se expresa con claridad en De nuevo la canción, obra que el propio autor presenta como un acto de reiteración vital, de insistencia creadora.
En la presentación del poemario, Antonio Bolívar Cardona escribe:
“Insistir sobre el amor y la muerte. Repetir. Hacer presencia. Luego de Flor de agua y El aire sembrado de señales, viene De nuevo la canción, con la única pretensión de anunciar que aún estamos vivos, que seguimos taladrando la roca haciendo palabras alrededor de cada cosa”.
Sus palabras revelan una concepción del oficio poético como trabajo paciente y artesanal. Publicar poesía en Colombia aparece allí como una labor sostenida por la convicción, el afecto por el lenguaje y una ética del hacer. El autor reconoce el esfuerzo, la pasión y el amor por el oficio como motores de una tarea que se cumple sin alardes, con responsabilidad frente a la palabra.
“Que cada quien tome un poco en este afán de decir, pues el propósito es señalar las causas comunes, los padecimientos, los reclamos que vienen adheridos a esta piel humana”.
Esa invitación resume el sentido de su obra: compartir una experiencia que se reconoce colectiva, ofrecer palabras que acompañen la felicidad o la desdicha del lector, dejar constancia de una búsqueda que encuentra sentido en el acto mismo de decir.

La trayectoria poética de Antonio Bolívar Cardona se extiende por más de cinco décadas. Desde Pasos (1972) hasta De soles y de hielos (2012), su obra ha construido un cuerpo literario sólido, coherente y reconocible. A esa lista se suman libros como Fruta a fruta llevo mi corazón a tu boca, Flor de Agua, El Aire sembrado de señales, De piel a piel, Claves del Silencio y los poemarios de temática oriental Sinaí, luna y distancia y Territorio de jazmines y guitarras. También participa como coautor en Pasos, palabra y vidas con Parkinson, una obra que da cuenta de su compromiso con la experiencia compartida.
Esta segunda entrega de De nuevo la canción confirma la vigencia de una voz que permanece atenta al mundo, que transforma la experiencia vital en lenguaje y que sostiene, con dignidad y constancia, una relación profunda con la poesía. En Antonio Bolívar Cardona, la palabra continúa siendo un lugar de encuentro, una forma de habitar el tiempo y una manera de seguir diciendo.
Gracias, Antonio, por venir hasta Santander de Quilichao. Gracias por la insistencia. Tu locura no ha sido en vano; aquí seguimos, celebrando que aún estás vivo, taladrando la roca, sembrando señales en el aire.
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