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Lunes, 12 de octubre de 2026

¿Algo ocurre allá en La Habana?

DIALOGOS HABANA
German Pabon
German Pabón Gómez 

Popayán, agosto de 2014. 

El Portal de Shamballa.

En efecto, algo de crisis está ocurriendo en las mesa de diálogos de paz en La Habana:

Cuando de una parte, desde la tribuna de la desfachatez se lanzan consignas para que sean escuchadas en las galerías de los frentes delincuenciales, como las pregonadas por alias Timochenko, cuando afirmó:

«Somos guerrilleros colombianos, militantes activos de una organización revolucionaria que recién cumplió cincuenta años de lucha invencible. Nos sentimos orgullosos de ello, no nos arrepentimos ni siquiera por un instante de lo hecho».

Y, cuando de otra, el presidente Juan Manuel Santos, ante la escalada de actos terroristas de las FARC, les dijo: «Ustedes continúan con eso, están jugando con candela, y este proceso puede terminar porque no podemos seguir indefinidamente en esta situación, porque el pueblo colombiano se confunde y no entiende».

Esos pronunciamientos traducen indicios que algo de crisis está ocurriendo en la mesa de diálogos de La Habana, y por sobre todo indican que la voluntad de paz de la guerrilla en su condición no de víctimas sino de victimarios: se ha vuelto a manifestar en una cascada de negaciones.

Ahora bien, es claro que desde los inicios se aceptó por ambas partes que los diálogos de paz se adelantarían en medio de la guerra.

No obstante, las FARC, quizás debido al estrabismo político y arrogancia que las caracteriza, no han discernido (y no sabemos cuándo lo asumirán) que con esa escalada de comportamientos criminales contra la población civil, en lugar de generar credibilidad a su favor, lo único que logran es aumentar en su contra el desprestigio y deslegitimación política por parte de los sectores populares y ciudadanos, que tanto se ufanan de defender y representar.

En efecto, los actos terroristas contra la estructura petrolera con resultados de daños ambientales, los actos criminales contra la estructura energética privando del fluido eléctrico a poblaciones, produciendo perjuicios cuantiosos a innumerables ciudadanos de diferentes estratos sociales, generan reacciones de repudio generalizado entre la sociedad civil, otorgan elementos de juicio a los enemigos de los diálogos, y ponen en escollos la credibilidad del proceso de paz.

Cuando se anuncian amenazas de rompimiento de los diálogos, entendidos como manifestaciones unilaterales de lado y lado, el primer interrogante y respuesta aproximada que surge es la carencia de representatividad de quienes se denominaron como negociadores de las FARC, y negociadores del gobierno.

Puede afirmarse que ese algo que está sucediendo en La Habana (lo cual no sabemos con certeza de qué se trata) y lo que pueda llegar a ocurrir como expresión de nuevos dilemas, obedece a la ausencia de representatividad de los negociadores, pues las FARC no poseen la vocería ni la representación de nadie, tan sólo se representan a sí mismos, toda vez que cuando su jefe alias “Timochenko” balbucea, transmite la impresión que lanza mensajes panfletarios para que tan sólo lo escuchen sus subalternos en La Habana y en los distintos frentes delincuenciales, omitiendo por completo que la sociedad civil existe, y a su vez, los negociadores del gobierno, no ostentan la vocería ni representación de ningún sector ni sectores del pueblo colombiano.

Valga decir, los equipos de negociadores no poseen el mandato expreso de nadie, y sólo discuten en la mesa de diálogos, los temas que se les antojaron en reuniones preparatorias como agenda de eventuales acuerdos.

No obstante lo anterior, y no obstante haberse aceptado que los diálogos se adelantarían en medio de la guerra, de cara a los avances de las negociaciones, nos permitimos trasmitir un llamado de reflexión a las FARC para que asimilen y se cuestionen en sentido que cada acto «no revolucionario» sino terrorista que consuman a nombre de la seudo-revolución-fariana, abona con abundancia la derrota en el referendo la posibilidad de participación política de ellos en el Congreso de la República, y afianza por anticipado la crónica de la derrota en las urnas cuando decidan lanzarse como candidatos a las corporaciones públicas.

En esa medida, para que los diálogos de paz avancen y lleguen a consolidarse de cara al referendo, fases del pos-conflicto o fases de pos-acuerdos, se hace necesario que las FARC realicen esfuerzos, pero no para la anti-lógica de incrementar crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crímenes atroces contra la población civil, sino para ganar en credibilidad y fortalecer la verdadera voluntad de paz.

Los colombianos no deseamos más guerra, no deseamos actos terroristas durante el desarrollo de los diálogos en La Habana, ni después de la firma de los acuerdos, ni después del referendo, cualquiera fuere el resultado de esta convocatoria constitucional en las urnas.

Los colombianos no deseamos más víctimas de parte de los victimarios vengan de donde vengan, ni de parte de los victimarios de las FARC. Por el contrario anhelamos una paz entendida como derecho y deber constitucional, y poseemos el legítimo derecho a reclamarla.

Sin saber con certeza, cuál es ese algo interno que está ocurriendo en La Habana, continuamos apostando para que la culminación de la guerra sea una salida negociada.

En esa medida, a los negociadores de La Habana les manifestamos que no obstante los aprietos que sobrevengan a la mesa de diálogo como factores internos y externos, los convocamos para que eviten transmitir alarmas y mensajes confusos con presagios de rompimiento de los diálogos, y les solicitamos no levantarse de la mesa hasta no tener firmados los acuerdos, para darnos la oportunidad en las urnas de otorgarles el sí o el no en el referendo.

La paz es un derecho y deber constitucional de obligatorio cumplimiento, es un derecho individual, colectivo, y además constituye deber del Estado, del gobierno, de la sociedad colombiana y de los ciudadanos construirla, exigirla y apostarle a ese propósito.

El derecho a la paz sin espanto y el deber sin desaliento de su búsqueda y consolidación, es una necesidad histórica, y corresponde a todos los partidos políticos, a los de oposición, a todos los ciudadanos, incluidos los integrantes de los grupos subversivos, buscar la paz; todo ello en la mirada de reflexionar acerca de ese derecho.

La discusión a favor de la paz, sin miedo a repudiar sin vacilación las aberraciones tácticas, estratégicas, las atrocidades militares y el estrabismo político de las FARC que linda con la fanfarronada. Esa discusión entendida como nuestro derecho y deber, merece que la pongamos en el lugar exacto para ponernos a reflexionar acerca de si nos hallamos dispuestos a reclamar, exigir, construir ese derecho y cumplir con ese deber, o si por el contrario, como negación a ese derecho y deber preferimos continuar en ese túnel de la guerra sin fin y el holocausto sin realizar ninguna clase de esfuerzos, incluidos los costos de impunidad parciales que son inherentes a todo proceso de paz, y de los cuales se encargarán las normativas de justicia transicional que se adoptarán al interior del Marco Jurídico para la Paz, las cuales no podrán otorgar tratamientos de impunidad total ni desconocimiento al Tratado de Roma en lo que corresponde a crímenes atroces y de lesa humanidad.

La paz ética-social en esa mirada de derecho a la verdad, justicia y reparación de las víctimas, toda vez que no será posible, probable ni real construir paz y democracia a partir de la mentira, la impunidad total o el olvido acrítico, constituye un proceso a mediano y largo plazo, no de reconstrucción del viejo pacto social en crisis, sino de construcción de un nuevo pacto ciudadano y democrático, con miras a la integración social y política de la insurgencia armada, lo cual traduce que a las nuevas expresiones de democracia política, económica y social que harán parte de la agenda legislativa posterior al referendo, no le debemos tener ninguna clase de temores.

Por lo anterior, sin saber con certeza ese algo de crisis que está sucediendo en la mesa de diálogos de La Habana, y sin posibilidad de imaginar cuáles entorpecimientos podrán sobrevenir como factores internos y externos, apostamos para que el único algo que suceda sea la firma de los acuerdos para darnos la oportunidad en las urnas de otorgarles el sí o el no en el referendo.

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