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Jueves, 1 de octubre de 2026

Al encuentro de egos feroces

Tatiana Ramirez

Tatiana Ramírez Sandoval

Por: Tatiana Ramírez Sandoval

Después de un tiempo cuando tienes la oportunidad de andar como cronopio, en grupos o talleres literarios, es cuando empiezan los interrogantes. Y es que detrás de esos libros apolillados, se esconden mentes voraces capaces de esconderse en una pluma y mostrarle al mundo su alto nivel intelectual.

Asustan esos egos camaleónicos disfrazados de humildad. Es inexcusable, cruzar una palabra con un fama para quien definitivamente, nada de lo que escribes o dices resulta bien, porque sus pensamientos radicales forman una corona de oro y fácilmente se valen de comentarios amarillistas, comparaciones o compasiones para levantar el alma atrincherada de un cronopio. Uno no sabe qué pretenden los famas, porque empuñar la pluma, dejar que los pensamientos conecten con tu realidad o la de otros, no es tarea sencilla, e incluso liberarse del miedo de trazar las primeras líneas en una hoja en blanco puede llevar días o meses.

Es el riesgo que asumirás al participar en cualquier actividad cultural o artística; el insoportable rechazo, la palabra mordaz que aniquila hasta el más pequeño intento por seguir en la tarea de llegar a ser algún día, un escritor renombrado. Asistir a un debate sin que se convierta en un campo de batalla, es inevitable, puede ser la estrategia de algunos escritores o intelectuales enmascarados que les encanta alardear de sus conocimientos. Empezarás a sentirte un mártir literario, cuando te atemoricen o merodeen esos egos feroces, a veces preferirás salir corriendo y cerrar la página del libro que recién escribes. El poder de ser fama es inevitable.

Una pelea desmesurada nunca será la solución. Hay que luchar por no terminar convirtiéndonos en lobos esteparios ocultos en una biblioteca o conservar el recuerdo del libro de algún autor y no conocerle nunca, porque existe una gran diferencia entre quien escribe y quién es ese ser humano en la realidad. Así, evitaremos el sabor amargo del café sin azúcar porque las críticas, no dejarán de existir, enceguecer o iluminar ese túnel oscuro por donde circula la imaginación.

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