Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Viernes:
Popayán 7 y 8
Cali 7 y 8
Viernes, 2 de octubre de 2026

LUNA DE MAÑANA NEGRUZCA

luna-de-manana-negruzca
Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.
luna-de-manana-negruzca
http://creandosoles2012.blogspot.com.co/

Esta madrugada estaba lloviendo. Con lluvia queda y fría. Era una lluvia callada. Cuando me levanté el firmamento estaba nublado. Los árboles, de pie, esperaban que abriera el día con el sol que los alumbrara y sacara de su cara el verde oscuro.

Ya de regreso al lugar de mi refugio la luna, allá colgada, me estaba mirando. Todavía estaba acostada. Era su pijama amarilla con unas pintas rosadas. No era redonda su faz. Sobre su cabeza lucía un capuchón redondo. La saludé y siguió mirándome.

Allá, detrás de ella estaban unas nubes negruzcas con pintas blancas. El día estaba nublado y por eso lucía triste. ¿Qué culpa, que mi corazón esté lo mismo?, pensé.

Los días y las horas, los minutos y los sentimientos van cogidos de la mano. Y una corriente de vaho circula por entre las venas. Entra el frío de la mañana y se cuela por entre mis piernas. Afirmo los pies en tierra y tuerzo el calcañal para que afloje y dé firmeza a mis músculos.

Ya estoy en mi torre y escribo mirando por la ventana. Ya han llegado las aves con sus tonadas. El día ha mejorado con su canto y sus aleteantes vuelos. Hay un tono que sobresale. Es un sonido de la selva. Seguramente es un ave extranjera. Perdón. Viene a buscar refugio desde Putumayo o desde Caquetá donde vive junto a flamencos de plumajes rojos y garzas de elegante blanco. Su canto es agorero y parece cantar al ritmo de una zampoña. Es un silbo repetido que resuena solo en la jungla entre ríos, sombras, árboles y juncales.

Vuelvo a mirar por la ventana. El firmamento luce igual con neblina y una luz sin sol en la cima. Las aves se cansaron de esperarlo y han emprendido su viaje por la inmensidad del aire. Queda apenas el bichofué que entona su canto para despedirse. Me he levantado y me dejado ver de él por la ventana. Le he respondido con mi silbido y contento ha repetido su canto y otros amigos le han formado coro. La campiña se ha alegrado con el coro aumentado de mi silbido.

Ah… qué bulto aquí, en mi pecho. ¿Cómo es que no salgo volando con ellos? Estoy vestido de azul y parece que tuviera alas. Mas no tengo el valor de saltar desde este piso y correr detrás del bichofué que se aleja. ¿Qué me falta, tener alas, tener cielo abierto, compañía? Algo no está bien del todo. Qué pena con los amigos que ya partieron en busca de su sustento.

Me he vuelto a sentar en mi torre. Desde la ventana de mi almena miro hacia afuera. La lejanía me llama, el aleteo sobre mi alma está quieto y no puedo emprender el vuelo. Parece que me falta un ala o que estoy a punto de perder las dos alas. Qué sensación tan extraña en esta mañana triste. Pero ya la iluminó una tímida cara de sol.

Articulos relacionados