Clientes DRFE acabaron con el efectivo del Banco Agrario de Colombia
“Se nos acabó el dinero porque atendimos primero a los clientes DRFE, no tenemos con qué pagarle, vuelva la semana entrante” fue la insólita respuesta que en el día de hoy daba una de las cajeras del Banco Agrario en Santander de Quilichao, a quienes pacientemente, después de una larga y parsimoniosa fila podían acceder a la ventanilla con cheques, tarjetas o libretas de ahorro, y a los ancianos que se acercaban con el ánimo de cobrar sus pensiones u otros subsidios. Únicamente estaban dedicados a recibir consignaciones y pagos por servicios públicos.
Este periodista fue otro de los afectados. Mientras veía desfilar lánguidas muecas y escuchaba los desconsolados testimonios de quienes estoicamente iban abandonando el establecimiento sin más explicaciones, pues no sabían con qué responderían a sus obligaciones del día siguiente, que en Quilichao sería “día de mercado”, decidí consultar con el ‘nivel superior’ sobre la situación que se estaba presentando en la entidad bancaria.
Nos atendió Víctor Lasso, subdirector, ya que el director no se encontraba.
– Señor Lasso, me puede explicar ¿qué está sucediendo en la entidad?. Hoy solamente están recibiendo consignaciones y otros ingresos, pero no están pagando. Están despachando a los usuarios porque, según los cajeros, se acabó el dinero y sólo les pagaron a los perjudicados por DRFE.
– ¿Eso dice la cajera?
– Pero… ¿Las reservas que deben mantenerse, y lo que está ingresando por consignaciones?
– Señor, no tengo porque darle explicaciones. Desconozco los asuntos de reservas y otras operaciones bancarias sobre los que puede informarle mejor la asesora jurídica de la entidad, en Bogotá. Si quiere le doy el teléfono.
– Usted, señor Lasso, como subdirector, ¿desconoce lo que pasa en su oficina y en el manejo de los asuntos bancarios al interior de esta institución?
– ¡Usted me está intimidando! Si quiere diríjase entonces a la Superintendencia Bancaria.
El Banco Agrario en este municipio, según la versión de varios clientes, ha prestado irregularmente el servicio en muchas ocasiones, devolviendo al usuario desde la ventanilla, a voluntad o humor del día de la cajera, según la ‘pinta’ y por nimiedades, que nada tienen que ver con la seguridad en las transacciones. Por ejemplo: este cheque es de la oficina de Puerto Tejada, tiene que cobrarlo allá, no estoy segura de que la firma sea la misma, o el sello no parece coincidir; se cayó el sistema y como el documento a radicar no es de esta oficina, tiene que regresar otro día para verificarlo con exactitud; le faltó una fotocopia autenticada del certificado de supervivencia …
El Banco Agrario, que es una sociedad de economía mixta vinculada al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, carga sobre su función bancaria el mismo ‘karma’ que se le atribuye generalmente a los burócratas de todas las entidades oficiales: creer que el parroquiano por su tímida condición puede ser mortificado, mal tratado y no reconocer que al contrario, el usuario más humilde es su propio benefactor, aquel que en todas sus actividades públicas y privadas contribuye, directa o indirectamente, para que esos funcionarios puedan tener un sueldo con todas sus arandelas, así sea para medio sobrevivir, porque reconocemos que son malos, pero al fin y al cabo, tienen algo fijo en el presente y hacia el futuro, que las grandes mayorías de este abnegado país no tienen, pero que les aportan minuto a minuto, tanto a ellos como a las exorbitantes utilidades que paradójicamente registra el sistema bancario cada vez que se hacen los balances o cortes de cuentas.
El Defensor del Cliente del Banco Agrario de Colombia S.A., que es Darío Laguado Monsalve, tampoco se encontraba en su oficina cuando lo llamamos para conocer su opinión al respecto. Su amable secretaria nos repitió con aire de suficiencia oficinesca el disco rayado de ellas: “por favor, haga una petición por escrito, que en término legal le estaremos respondiendo …”. ¿Y con el doctor Laguado cuándo puedo hablar?. En este instante no puedo decirle, si quiere haga otra petición para concederle una cita de acuerdo con su agenda… Pero, es que estoy llamando desde Santander de Quilichao…
El asunto debe ser entonces por el lado de la “Superintendencia Financiera de Colombia”, pensé… Marqué el número 5940200 OPCIÓN 5, después de escuchar música, propaganda institucional y pasar por la simpática pero inútil atención de varias secretarias, al fin un funcionario me escuchó lo anteriormente narrado. Le resolví otras varias inquietudes que me planteaba y al final… el disco rayado: “por favor, haga una petición por escrito, que en término legal le estaremos respondiendo …”.
Olvidé, en medio del enredo para escribir esta nota, tomar unas fotos del Banco Agrario y si fuera posible del señor Víctor Lasso, para dar mayor vida a este artículo. Tomó la iniciativa el periodista David Luna. Como él me había acompañado a la entrevista con el subdirector, minutos antes, cuando éste lo vio en la puerta de su despacho, decidió pedir “auxilio” a la Policía. Inmediatamente llegó una patrulla, lo sacó de la entidad, intentó subirlo al vehículo y decomisarle la cámara. Fue reseñado en la estación policial.
Ante el atropello, el director de PROCLAMA llamó al Comandante de la Estación, Subteniente Cristian Mauricio Carvajal Caro, con el fin de pedir explicaciones sobre la obstrucción permitida por la Policía al trabajo de los periodistas. También muy amable, pidió que lo recibiéramos en nuestras oficinas.
– Señor Comandante, debemos preguntarle ¿cuál fue la razón por la cual algunos de sus hombres recibieron instrucciones para obstaculizar nuestro trabajo periodístico sobre el Banco Agrario de Santander de Quilichao?
– No señor, no dimos instrucciones para obstaculizar el trabajo periodístico, ni siquiera sabíamos lo que ocurría. Recibimos una llamada urgente del subdirector del Banco Agrario informándonos sobre situaciones irregulares que se estaban presentando al interior de la institución bancaria que requería la presencia urgente de fuerzas policiales y así obramos.
– Al llegar sus hombres ¿no se percataron de que habían sido engañados y utilizados para entorpecer un trabajo periodístico?
– Cuando nos llaman nosotros acudimos siempre para controlar cualquier situación anómala que se presente.
– ¿A sus policías les pareció anómala la investigación que estábamos adelantando sobre la arbitrariedad del Banco Agrario en contra de los usuarios, para ordenarle a nuestro periodista presentarse en la estación, borrar fotografías -que no se habían tomado- y ser reseñado?
– Siempre que estos casos se presentan reseñamos a las personas previendo futuras acciones judiciales.
De manera vehemente debo manifestar que este medio de comunicación rechaza la actitud del señor Víctor Lasso, quien aprovechándose de su condición de funcionario bancario llamó a la Policía pidiendo una innecesaria «protección», posando de perjudicado para engañar a la autoridad, como estrategia para negarse así a dar explicaciones sobre las irregularidades presentadas en la entidad bancaria, que perjudican a un amplio grupo de ciudadanos que pretendieron hacer uso de los servicios bancarios. Igualmente, le informamos a la comunidad que este señor trató, con esta acción, amedrentar a los periodistas eludiendo sus responsabilidades, bajo la creencia de que la razón proviene de su “alta” investidura burocrática y de las armas oficiales.
En conclusión, la razón proviene exclusivamente de la verdad y nuestro único poder, es la palabra y la cámara, que hoy nuevamente se vieron intimidadas.




