ÁNGEL EXTERMINADOR



Ha recogido las hierbas de su último sueño.
Ha ahondado el agujero con el canto andado en reversa.
Porta una guadaña, ha llegado el día de la siega.
Tiene los ojos más lúcidos que siete lunas; la jornada va llegando a su final, la historia es un nudo de piedras.
Se estrellan los truenos y no encuentran nada, las gacelas huyen al grito del adivino; nunca estallará el pozo de las maravillas porque él ya inundó su copa con el negro de las cruces.
Ha llegado al final de la colina, empujaba un gigante mientras ardían las ciudades y las torres eran leña al fuego.
Ha estado sirviendo una música de almas en bandeja bajo las arcadas.
Era un extraño en el mundo de las cogitaciones; el gato rodeaba sus mantos al caer el día, las trompetas últimas anunciaban la boda de los muertos.
Fue su enigma lo que se llevó bajo los brazos, ahora no lo reconocen ni los mismos ángeles.
Su canto se libró de todo fetiche, lo alzó hasta el monte de los cuervos.
Sus ojos ya no están; un llanto dijo que se fueron, las arenas lo persiguen en la copa de los árboles.
Ha recogido su armadura, caía en los retazos de la tarde envenenada.
¿Quién podrá decir que su huerta era la nada?
RVQ



