“Para mí el abuso sexual es cuando una persona mayor viola a una niña, y pienso que la niña vive con un trauma sicológico y físico también (…) Después le tiene miedo a salir a la calle y a quedarse sola en la casa. Y si vive en una casa donde vive otra familia, peor”
Testimonio de una niña 14 años
Tomado del informe “La huella de la niñez en la prensa colombiana 2008” elaborado por Pandi
Las niñas, las más vulnerables
Por Gabriela Bucher Balcázar*
En la última reunión del Consejo de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos realizada en Ginebra, Suiza, se dio a conocer una cifra sencillamente escalofriante: Cerca de 150 millones de niñas y 73 millones de niños han sido víctimas de violencia sexual alrededor del mundo.
Y según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en el 2008** en Colombia se realizaron 16.120 dictámenes sexológicos en menores de edad, es decir el 86% del total de los casos conocidos por este organismo. Por cada niño violentado sexualmente en el país, se atienden a 4 niñas y por cada adulto a cerca de 6 menores de edad.
Son los familiares cercanos, en especial el padre en un 41%, los responsables de los abusos contra las niñas y los niños y se calcula que cerca del 95% de los casos no son denunciados por las víctimas.
Los niños, pero muy especialmente las niñas, son totalmente vulnerables. De acuerdo con la ley 1146 de 2007 el abuso sexual infantil es todo acto o comportamiento de tipo sexual ejercido sobre un niño, niña o adolescente, utilizando la fuerza o cualquier forma de coerción física, sicológica o emocional.
Para abordar la problemática de la violencia sexual y sus posibles soluciones, es necesaria la construcción de Culturas de Protección, donde podamos tener en cuenta los valores y las pautas culturales, así como las variables del impacto de la vulnerabilidad de los derechos humanos. Por otra parte, los Estados tienen que fortalecer su capacidad para garantizar la protección de toda la sociedad, priorizando la protección de las niñas y los niños.
Todos somos responsables de la protección, rompiendo el silencio y aumentando el número de denuncias para que las entidades públicas puedan tomar las medidas necesarias, desarrollar las capacidades y lograr el cambio de nuestros patrones culturales y la aceptación implícita.
La violencia sexual contra las niñas y los niños aumenta directamente los niveles de transmisión de VIH, embarazos en adolescentes y deja secuelas tanto físicas como psicológicas en las víctimas. Estudios demuestran que las amenazas de violencia sexual pueden alejar, de manera especial, a las niñas de sus escuelas e influir en la deserción escolar.
Desde las voces de los niños y las niñas también hay un angustioso y urgente llamado: “Nos gustaría que todos los gobiernos pudieran intensificar la aplicación de la ley y asegurarse que los agresores sean severamente castigados. La sensibilización hacia el público también debería continuar” Dijo una niña que asistió al encuentro en Suiza.
*Directora de la Fundación Plan
** Informe Pandi “La huella de la niñez en la prensa colombiana 2008”
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