Monoplio de las armas
Reinel Gutiérrez
La guerra que el gobierno colombiano adelanta contra organizaciones rebeldes e insurgentes, no solo tiene la finalidad de acabar con grupos que son amenaza para el aparato estatal y sus dueños, sino rescatar el monopolio de las armas.
Según las leyes vigentes, las armas sólo pueden estar bajo manejo de la Policía Nacional y las Fuerzas Militares, como pilares de la defensa del país. Se incluyen otros organismos llamados de seguridad y de inteligencia.
Pero hay que entender que por lo menos la mitad de los colombianos porta armas, con o sin permiso, y de allí los resultados fatídicos de los cuales dan cuenta los medios como balaceras en discotecas, asaltos bancarios, venganzas personales, crímenes pasionales y otros.
Una diferencia conyugal se resuelve a bala, y hasta los niños se matan unos a otros con el revólver del papá. En hogares de menos violencia, hay como mínimo una escopeta para matar pájaros y asustar ladrones.
Nunca se ve, pero cuántas personas van por la calle, caminando, motorizadas o camufladas de alguna manera y portan entre su ropa o en la mochila una peligrosa arma lista a disparar en el momento de emergencia o cuando su dueño crea que es necesario.
El monopolio total de las armas no lo tendrá el gobierno, si persisten las grandes diferencias sociales que obligan a la gente ser delincuente, a la drogadicción, a la prostitución y otras formas de degenero.
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