Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Viernes:
Popayán 7 y 8
Cali 7 y 8
Viernes, 2 de octubre de 2026
jueves 6 agosto, 2015 a las 9:44 pm

EUTANASIA

eutanasia
Rodrigo Valencia
Rodrigo Valencia Q ©

Veo que se discute sobre eutanasia.

Que la «vida es de Dios» implica que todo sucede como debe suceder: los acontecimientos, las cosas, el destino, el nacimiento, la muerte… ¿Quién puede cambiar lo ocurrido? Todo nace cuando debe nacer, todo muere cuando debe morir; así, si a algún paciente terminal se le practicó piadosamente eutanasia, es porque así debía suceder. Pero esto es pura y llana especulación, lo mismo que si precipitadamente decimos que la eutanasia es un acto de malicia, ya sea como «homicidio disimulado», ya como «suicidio disimulado».

El momento de la decisión, la necesidad, el dolor, la desesperación, la gravedad de la situación, el cargo de conciencia, etc., ¿quién puede ver y dirimir todo esto con la mejor sabiduría?

En todo caso, tanto la ciencia médica como la religión y la moral deben ayudar a curar el mal que agobia al mundo. No hay nada más moral que el querer curar el mal. Lejos las sospechas sobre la integridad de la decisión; tal vez estamos acusando «la paja en el ojo ajeno» sin haber sacado primero «la viga de nuestro propio ojo».

¿No es la compasión ese brillo bondadoso que salva toda buena fe, todo amor? «El amor todo lo perdona, todo lo cree», dice San Pablo. Y creo que toda la moral de la Biblia se ordena en aquella sencilla norma que nadie cumple: «Amarás al Señor tu Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo». Pues bien, nadie, si ama de corazón a su prójimo más allegado, quisiera verlo aquejado por inmisericorde e incurable enfermedad terminal. De hecho, además, el enfermo ya está condenado a morir por la enfermedad que sufre en ese momento.

Todos queremos morir con dignidad, y seguramente, también, algún paciente en su hora desesperada y de máximo dolor. Sin embargo, el médico y muchos más pueden tener sus reservas, su conflicto moral frente a esta difícil decisión.

Se dice que todo ser humano tiene derecho a la vida, y que con la eutanasia se le está negando este derecho. Uno tiene el derecho a la vida, pero no el derecho ni el deber de sufrir infinitamente. En fin, esta grave disyuntiva sobre la eutanasia hay que juzgarla con buena fe, con buena voluntad, mas no con los prejuicios de una ética mal entendida. Aquí no valen suposiciones turbias del entendimiento y la moral. La gravedad de las circunstancias, una meditada decisión, y el fuero interno de cada quien, disputarán hasta el final en un terreno que puede pasar por «escándalo», en un país donde, después de fingidas máscaras, la moral anda por el suelo.

Quizá para muchos sea escarnio y anatema esto de la eutanasia, como también aquella sorprendente cita del evangelio que arrasa con toda falsa moralina: «Dejad que los muertos entierren a los muertos».

RVQ

Articulos relacionados