Persuasión, arte de gobierno
FABIO ARÉVALO ROSERO MD
Para tener éxito en cualquier actividad que comprometa las relaciones personales, la persuasión es la habilidad más importante. El verdadero valor de un gobernante está en su capacidad de liderazgo, manifiesto en su elevado poder persuasivo, es decir en la capacidad de influir y convencer favorablemente a su gente. Pero el aberrante deterioro del ejercicio político hace casi imposible conseguir hoy dirigentes públicos con virtudes de liderazgo que ejerzan grandes convocatorias en su pueblo.
Solo existe un modo de lograr que una persona haga algo, y esto es haciendo que quiera hacerlo. Al menos el 50 por ciento del éxito de un gobernante está en la capacidad de motivar a sus seguidores a hacer algo por el bien común y a aportar decididamente en el programa de gobierno. No es fácil lograrlo, ya que ese líder requiere desarrollar habilidades y cualidades esenciales para tener poder persuasivo, entre ellas:
* Influencia: poder para producir determinados efectos sobre las personas.
* Carisma: capacidad para atraer o fascinar a otros.
* Empatía: identificación mental y afectiva con el estado de ánimo de otra persona.
* Magnetismo: atractivo que alguien ejerce sobre otra persona.
* Confiabilidad: cualidad de una persona que es merecedora de confianza.
Sin duda, alguien que encarna estas cualidades es aceptado y apreciado por una inmensa mayoría. Eso otorga alto poder. Pero es la integridad la herramienta más poderosa de la persuasión. Si el político o gobernante demuestra integridad en sus acciones donde la decencia, la transparencia, la honestidad, el compromiso y la coherencia son sus principales virtudes, tiene las mejores armas para “dominar” (persuadir) a su pueblo. Se lo ha ganado y ello facilita su obra de gobierno.
La persuasión se enfoca en ganar tanto el corazón como la mente de las personas y, por lo tanto induce actitudes, comportamientos y decisiones en la búsqueda de un resultado conveniente. Quien pretende convencer debe tener autoridad moral y estar éticamente legitimado para hacerlo. Por tanto, la capacidad de convencer tiene más que ver con la forma de ser que con el modo de actuar del persuasor. Un político es exitoso si demuestra que es íntegro antes que dueño de un gran programa de gobierno. Conviene cambiar personalmente antes de intentar modificar opiniones y conductas de terceros. Una fábula de Esopo nos enseña el valor de la persuasión:
“El Sol y Bóreas (el frio viento del norte) discutían sobre sus poderes, y decidieron reconocer como ganador al que despojara a un viajero de sus vestidos. Bóreas empezó primero, soplando con violencia; y apretó el hombre contra sí sus ropas, Bóreas asaltó entonces con más fuerza; pero el hombre, molesto por el frío, se puso otro vestido. Bóreas, vencido, se lo entregó al Sol. Este empezó a iluminar suavemente, y el hombre se despojó de su segundo vestido; luego lentamente le envió el Sol sus rayos más ardientes, hasta que el hombre, no pudiendo resistir más el calor, se quitó sus ropas para ir a bañarse a un río. Moraleja: Es mucho más poderosa una suave persuasión que un acto de violencia”.
Apostilla: El gobernante que insiste en imponer medidas obligantes, solo está haciendo un pueblo más hipócrita.
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