LOS SECRETOS DEL INVIERNO
Ana Milena López de Vélez*
Pobre invierno. Destapó las cartas de su mano de juego de póker y nosotros, los hombres, con la tecnología satelital en red de nuestro Instituto de Hidrología, Meteorología y Medio Ambiente – IDEAM – y la Organización Mundial del Clima– WWO–, le hemos tomado todas las fotografías del mundo para registrar sus líneas y su rastro de agua en nuestra amada tierra firme. ¡Y a fe del buen Dios que hemos de dar un excelente uso a esa información!
Ah si. Reconozcamos a la Naturaleza su grandeza, pero también reconozcamos la capacidad del hombre en inventar y desarrollar tecnología para solucionar problemas; eso sí, desde que no abra la puerta a ese componente de su naturaleza llamado ambición desbocada.
Urge un Atlas Invernal de Colombia elaborado por nuestro Instituto Geográfico Agustín Codazzi – IGAC – con la información del IDEAM y los CLOPAD. Nuevamente, cómo nos vamos acercando a nuestras instituciones ¿verdad? Si no las tuviésemos así, fortalecidas y rodeadas del respeto de los colombianos, imagino al invierno desquiciado riendo a carcajadas, agitando sus brazos huesudos envueltos en anchas mangas de un pavoroso hábito oscuro y raído. Pero no nos invade un miedo desesperanzado. Lo que sí tenemos es la esperanza de salir de esta situación caótica en que hemos caído todos y, más aún, los habitantes de las riberas de cientos de ríos y quebradas. Las mismas que nos llevan a brillar en el Mapa Mundi como una de las más poderosas Estrellas Hídricas del planeta.
El Atlas Invernal ha de ser un libro enorme de brillantes colores a ser consultado en todas las bibliotecas del país. Así lo será después de ser convertido en importante herramienta de una política nacional ambiental de asentamientos humanos, incluidos los cultivos y los rebaños.
Y colgará el Mapa de Invierno de Colombia en las paredes de todos los salones escolares, tal como han colgado tantos años el Mapa del Relieve o el de las Divisiones Políticas. Y desde luego, estará en las páginas Web que consultan los estudiantes en Internet. La línea de invierno irá en un grueso color rojo para que nadie diga que no la vió. Desde el querido estudiante de diez años hasta el adulto que estudia de noche, o los sábados con tutorías, o el que estudia su primaria y bachillerato a distancia. Y tendremos el Mapa de Invierno del Departamento, y también el Mapa de Invierno del Municipio y el del perímetro urbano de los centros poblados.
Los complementarios Mapas de Riesgos ampliarán su número de usuarios, dejando de estar guardados en las Alcaldías Municipales, en planos anexos a los proyectos de infraestructura. Pasarán a estar colgados debajito del Mapa de Invierno. Y será el Manejo de las Cuencas Hídricas la Unidad de Área a aprobar por los estudiantes.
¿Quién va a querer construir su casa en la ladera de una montaña que se deslíe por el agua lluvia, cuando los maestros le tomaron esa misma lección desde que tenía aún portillos en su sonrisa por estar mudando los dientes? ¿Quién va a querer invadir la línea de agua de cada río y cada quebrada con construcciones de cemento y ladrillo, con pesadas neveras y televisores?
Y los ganaderos se reconocerán a sí mismos como pastores de ganado con todo planeado para ir y venir con sus rebaños cuando las aguas suben hasta la línea de aguas. Es pelea de toche con guayaba madura invadir rígidamente los territorios por donde las aguas se explayan en las temporadas de lluvia.
Educadores: ¡tenemos tanto por aprender para relacionarnos armoniosamente con la naturaleza que nos rodea! Educación en nuestra realidad, esa que podemos tocar cada día. Que las fotos satelitales, la fotointerpretación, los datos digitales, los Sistemas de Información Geográficos, los textos, la física de suelos y todo lo que sea necesario para desarrollar sistemas productivos apropiados locales entren a hacer parte del acervo de conocimientos de cada maestro. Y que cuando éste se acerque a su querido niño, sea para enseñarle a estar en equilibrio con la madre tierra y a tomar decisiones acertadas desde ahora y para cuando viva su vida de adulto.
¿Y nosotros, los adultos de hoy? La roja línea de invierno ha sido grabada en el ser de cada colombiano. Corresponde al Gobierno y a la sociedad encontrar nuevas tierras para nuestros hermanos desplazados ambientales y a ellos, despedirse de esas tierras que les son ajenas. Los ríos aún son sus dueños.
*Ingeniera Agrónoma, Universidad Nacional de Colombia. Mestre Agrónoma, Universidade Federal da Bahía, Brasil. [email protected]
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