CORO DE CARAS Y COMPÁS VERNÁCULO
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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Anoche volví a ver en filas repetidas a más de 100 jóvenes, mujeres y varones, ponerse a órdenes de la maestra Carolina Romero López, Directora de los Coros Superior y Juvenil del Conservatorio Antonio María Valencia de Cali. La Sala Beethoven estaba henchida de público para el homenaje a la pianista y Exdirectora del Instituto Popular de Cultura de la ciudad, Maruja Renjifo Salcedo.
La convocatoria del concierto de temporada Beethoven 7:30 anunciaba un recorrido coral por composiciones y arreglos de España, Venezuela, Argentina, Brasil, Cuba y, por supuesto, de Colombia. La sonatina, prometía ser una fiesta y un acontecimiento cultural de tono mayor.
El Coro Juvenil ejecutó al mando de la mano y el oído de la joven y experta maestra Romero, muestras tradicionales de los cancioneros antiguos de la madre patria, de Venezuela, Cuba, Colombia y Brasil.
Oímos una canción exótica que tal vez cantaron soldados borrachos en tiempos de Fernando el Católico, una francesa más triste que cantaba a la luna muerta: “Lloren payasos, poetas y gatos negros, la luna está muerta…Un hombre camina bajo el sol sobre este viejo espejo de tus sueños, y es que tu corazón se muere”…De Venezuela sonó en la boca de los jóvenes un pequeño corrido llanero de Arvelo Torrealba dedicado a los pájaros. Pablo Milanés trajo su guitarra a las cuerdas vocales con De qué callada manera. Maximina nos recordó a Chocó y su miseria y Lucho Bermúdez nos prestó por un ratito su inspiración con la alegría de Prende la Vela. Un rápido texto de García Lorca sirvió de cortina tierna para el Nocturno de la ventana.
El Coro Superior con unas voces ya maduras, entonaron cantos en latín más serios, de tono religioso, como Laudate Pueri del vasco Javier Busto, un Ave, María de Adolfo Mejía de Colombia, otra de la homenajeada y la Salve, Regina del maestro Luis Carlos Figueroa que se hallaba en Sala, una toccata del colombiano Jesús Pinzón, digna de ser presentada en cualquier escenario por el universalismo y sincretismo de su tema. Terminó el concierto con dos divertimentos cubanos: Pablito clavó un clavito y Canto negro del español Xavier Montsalvage con letra y el estilo característico de las jitanjáforas del poeta Nicolás Guillén.
Fueron dos horas, que suavizaron el ruido de sirenas de ambulancias y el afán de correr tras el lucro. Dos horas que elevan el espíritu y que hacen renacer el ansia de Cultura en la ciudad que rueda entre calles horadadas como ciega sin esperanza.
Los aplausos, los silbidos de los jóvenes y los gritos de ¡bravo!, se oyeron hasta la Plaza donde Cayzedo estaba con chaqueta y espada al aire oyendo las voces cultas. Esta es una labor académica del Instituto Departamental de Bellas Artes del Valle del Cauca y merece destacarse. Honor a este grupo de jóvenes que ocupan su tiempo en educar a su garganta y cantar para calmar las armas y dar descanso a cuerpos y cansancios.
Vale la pena acudir cada semana a Beethoven 7:30 para asistir a estas sesiones en las que se exalta el arte y se hace Patria cantando con camisa y pantalones blancos.
26-05-11 – 11:39 a.m.
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