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domingo 3 julio, 2011 a las 6:38 pm

VIVIR DEL BOBO

Reinel Gutiérrez
El sabio que inventó el dicho que dice «el vivo vive del bobo», fue un gran analítico en relación con lo social, cultural, religioso y ante todo económico. Tuvo una visión de los tiempos pasado presente y futuro y acertó en esa calificación que como premonición se cumple a cabalidad.
No hay otro estudio que defina mejor la conducta del ser humano en relación con sus semejantes, y solo hay que entender que la palabra vivo, toma la connotación de hábil, timador o avispado.
Hay muchas maneras de vivir del bobo y entre tantas están las siguientes: Hacer que vote con la promesa de que habrá solución a todos los problemas. Que preste servicio militar convencido que con la libreta de primera clase tendrá trabajo y estudio, así regrese del cuartel minusválido. Que labore de 6 de la mañana a 8 de la noche con un salario miserable. Hacerle comprar -en este caso a las bobas- una gran cantidad de jabones, cremas, tintes, callicidas, antipiojos, contraberrugas, antiparasitarios, desodorantes, labiales, bases y postizos, porque con esto serán reinas de belleza. Convencerlo que al aportar dinero mensualmente al culto, el Altísimo le va a triplicar los ingresos. Hacer que permanezca comprando todo tipo de boletas, rifas, bonos y loterías para volverse rico. Hacerle creer que con «familias en acción», tendrá carro, casitas azules y beca.
El vivo puede montar un consultorio de adivinación y muchos clientes tendrá para hablarles del pasado y halagarlos con el futuro mientras les extrae el dinero. También puede hacer funcionar un prostíbulo y explotar miserablemente a la mujer.
En todas partes hay leyes, normas, códigos, culturas, reformas constitucionales y políticas, pero no han servido para corregir al ser humano, que sabiendo que robar es un delito y además un pecado, lo sigue haciendo. En ese orden de ideas, así se elija a los más apuestos y sonrientes candidatos, la sentencia de que «el vivo vive del bobo» prevalecerá.
Esos niños que le hurtaban el borrador y el lapicero a sus compañeros en el colegio, hoy administran a su amaño el presupuesto público. La «tajada», «el serrucho» el «CVY» y tantos calificativos más, denotan esa cultura del vivo supuestamente honesto, y el bobo incauto, esperanzado, creyente y testiculado.
El hábil inventó clases sociales, estratos, etiquetas y protocolos, mientras el cándido piensa que al haber nacido en «cuna de pobres y humildes pajas», siempre será así. El avivato sabe que manipular los conocimientos para que no lleguen a los menos listos, es mantener la ignorancia como soporte de poder. Por ello, vivos han existido y existirán, mucho más cuando los privilegiados heredaron los haberes conseguidos por sus antepasados, también muy bribones.
Que por esta época hayan sido descubiertos brillantes hombres públicos con el morral lleno, no quiere decir que el panorama se esté aclarando y mejorando. Popularmente se dice que primero se acaba la «aguamasa que los marranos», y cada día aparecerán nuevas formas de engaño, porque a las generaciones modernas no las asusta el «coco» ni la «patasola» pero sí otros fantasmas, algunos que aparecen en pantalla.
El bobo seguirá siendo víctima del otro, mientras no tome una verdadera conciencia sobre sus derechos, que permita la sana convivencia y desaparezcan el abuso y el engaño. Y para rematar en el mundo jurídico hay un lema que dice «Hecha la ley, hecha la trampa».
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