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jueves 19 febrero, 2015 a las 12:36 pm

SIMIOS Y SÍMBOLOS

SIMIOS Y SÍMBOLOS

“El derecho de expresión creativa debería ser atemperado por la responsabilidad”. Khaled A. Beydoun.

Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar

Los símbolos son cosa jodida. Se han metido en la cabeza de los humanos desde tiempos primigenios: El trueno era para el hombre-mono un diablo. Como la manzana es un “Queso de la vegetación,” según Neruda, pero también es bíblicamente el sexo de la mujer.

Todo es simbólica representación en la mente del homínido. Lo hicieron los cavernícolas picassianos con los bisontes y mamut en las cavernas, o los enamorados cuando miraron  hacia el cielo la luna, esa cosa borgiana, “que algún día el hombre escribirá su verdadero nombre”.

Los símbolos fueron desde siempre sagrados para el animal humano: Todo casi todo lo fue hasta volverse canto, oda, (joda) soneto, rezo, oración, y poesía… El ruido del cañón fue el símbolo de la guerra, hasta cuándo pasó a ser el estruendo infernal de la bomba atómica, sobre dos inocentes ciudades japonesas, como dice Octavio Paz la idea del mundo.

El dinero es el símbolo de la libertad y del poder dentro el capitalismo. Es tan poderoso, que yace en casi todo en tiempos en que se maneja a los millones de pobres desheredados y alienados desde la televisión de las palabras. El Congreso simboliza la fábrica de las leyes, un lugar, donde que otra vez de regreso llega en Locombia “Urbalas” con su simbólica perorata trasnochada.

La obvia paloma devoradora y cagadora de todo, es otro símbolo de la paz. Lo hace con su excremento corrosivo en plazas, monumentos, calles y desde las cornisas en el hogar de dios… Meterse a maltratar los símbolos como si fueran toros amaestrados del circo taurino símbolo de muerte, es cosa estúpida con pretexto de la libertad de expresión.

Métase a ensuciar con garabatos de grafitero al bisonte pintado como magia en la cueva paleolítica, o destruya, como ocurre, la figura antropomorfa milenaria muisca, dejándose ver y verá qué le pasa… Tire al piso y pisoteé la hostia de comunión católica en medio de una fundamentalista montonera de creyentes y será linchado con seguridad si la policía no lo salva, como le ocurrió al poeta nadaista en Medellín. Cualquiera se puede meter con cualquier cosa menos con los símbolos: el escudo o la bandera den país, con el rojo símbolo de la sangre patriótica, consignado en las franjas de los tres blasones de las naciones de origen bolivariano.

No hay que burlarse groseramente de ellos como ocurre con algunos caricaturistas, cuya misión pagada es con pocas líneas insultar, para ganar dinero en una publicación, las tradiciones, costumbres creencias, cultos y cultura de una nación. Emprendiéndola sin miramientos contra el máximo símbolos de un pueblo, que lucha hoy contra el viento y la marea contra poderosos enemigos nacionales e imperiales, por salir de la miseria donde lo dejó el capitalismo neoliberal y salvaje, para pasar por ahora a la pobreza.

SIMIOS Y SÍMBOLOS

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