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domingo 3 agosto, 2014 a las 5:44 pm

CULTURA, CULTURA Y MÁS CULTURA (1)

Cultura

TODO Y NADA.

Phanor Theran
Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural de Piendamó

Resulta bastante bien alcahuetudo, y morrocotudo, que todavía a estas alturas de la vida aquello que denominan y denominamos cultura sea una olla sin fondo, o mejor, un agujero negro que pueda tragarse cuanta salchicha presupuestal haya mal puesta.

Como he utilizado dos figuras literarias para ello, lo menos que puedo hacer es explicar el motivo de tal equívoco, de tal anfibolia como dirían los filósofos. Puesto que una cosa es olla sin fondo, y otra cosa es, y contrapuesta, la de agujero negro. Si por olla sin fondo entendemos que allí cabe todo lo imaginable sin recato y sin medida. Y si por agujero negro entendemos que todo lo que coge, lo devora sin dejar rastro.

Si empezamos por la primera, por la de olla sin fondo, pues mucha tinta y tiempo ha corrido desde que por cultura se reconocía entre, los entendidos, el cultivo del agro, la agricultura. Hoy, con aquello de que la cultura es identidad de ser y de estar, existe la cultura del robo, la cultura del crimen, la cultura de la corrupción, la cultura del despilfarro, la del meimportaunculismo, la de mi pueblo, la del sombrero voltiao, la del cinismo y desfachatez, la cultura in, la out, la del patasarribiado, la del cuanto te debo y con la pistola te pago, la del voltiarepismo, la indolencia, la ignorancia y pare de contar.

Lejanos y dichosos tiempos aquellos en que cultura era andar derecho, darle la acera a las damas, llevar dos pañuelos en el bolsillo, no hablar con la boca llena y no eructar en público, la de no masticar la hostia o llevar culifalda al señor mío santísimo y cosas por el estilo. Antes, por ejemplo, era educación enseñar a los niños a leer y hoy también hace parte de la cultura, como dar puntapiés a un balón.

Así pues, que a la hora de analizar concienzudamente acerca del gasto público cultural, de establecer a ciencia cierta dónde diablos ha ido a parar la platica o el esfuerzo de tantos años por crear un presupuesto cultural pues no hay nada que hacer.

Para muestra un botón. En el presupuesto, en el programa y plan de acción cultural del gobierno departamental de Cauca figura esta perla del pacífico: Apropiación del patrimonio cultural, a la cual por supuesto está bien dedicado gran parte de los ingresos por recursos IVA, nada desestimables si para 2013 sumaban poco más de 1.300 millones.

Díganme por favor que se puede entender por “Apropiación del patrimonio cultural”. No me voy a poner a disgregar sobre si hay o no una definición de cuál es el patrimonio cultural. Soslayemos esa bicoca.

Podrá uno entender que por apropiación según don Julio Cáceres de la Real Academia de la lengua podrá entender: apersonarse, darse cuenta, valorarlo. Pues bien, gran parte de lo que uno podría entender por patrimonio cultural, existe porque la gente de abajo, del común, los ciudadanos han estimado aún estando en ruinas. Y se entendería que sería el sector público, el que debía educarse para valorar lo que ya a lo ancho y largo del territorio el pueblo mismo ha valorado. Las hermanas Zabala en Toro, en el Bohío, por ejemplo, siendo tan rezanderas y demás fueron capaces de hacerle bajar del yipeto al cura de ocasión, los cuadros coloniales que se iba llevando un 28 de diciembre muy a la una de la mañana. Si no fuera por nuestras gentes la gastronomía popular ya había sido abolido por las maravillosas medidas de ponernos en aras del progreso a comer perro caliente ventiao. Y si no fuera por la obsesiva terquedad y valoración de artesanos y artistas sin un peso y reconocimiento que buena parte de nuestras expresiones habrían desaparecido en aras del bandidaje del contrabando de tanto cachivache chino, de Taiwan y de Ecuador.

Si se tratare del sentido de apropiación de “usarse”, pues uno diría, al menos que esto es asunto del mismo Turismo, y que el Turismo tiene una asignación de 2.700 millones para tales menesteres. Y que siendo poco, pues de todas formas es en ese sentido que debería aclararse y utilizarse y no endilgarle el entuerto al presupuesto cultural. Lo mismo ha pasado con el presupuesto cultural de los municipios vecinos a la portentosa despensa turística que significa para los reyezuelos provincianos la Salvajina.

Así que venido a ver la olla sin fondo, realmente, es un asqueroso y profundo agujero negro.