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miércoles 7 marzo, 2012 a las 3:47 pm
LA MUJER, PROTAGONISTA DE LAS HISTORIAS

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Oh, la mujer. Oh, la diosa, la bella y la vilipendiada. Oh, la mujer dicha y desdicha en el paraíso y en la historia. Cara y sello del mundo, demonio y ángel, hada y bruja, amor y odio, deseo y repulsión, oasis y espejismo, sueño y realidad para los hombres.

Sin la mujer, sencillamente, el hombre no existiría. Toda historia puede empezar y acabar con la presencia de una mujer que haga la diferencia, que salve o haga morir la causa o los efectos. Sin ella el orgasmo quedará incompleto y el esperma se secará en la soledad improductiva.

Las creencias en Vishnu y Lakshmi o Maya en el hinduismo, Izanagi y Izanami en el shintoismo nipón, Guanyin o bodhisattva en la China, en el Padre, Hijo y Espíritu santo junto con María en el catolicismo dan la dimensión y arraigo que la figura femenina tiene en las teogonías más extendidas. No pudo haber Zeus sin Hera en Grecia, ni Júpiter sin Juno en Roma. La guerra, el amor, los celos, las tempestades, las siembras y las lunas suceden o desaparecen, se aquietan o perecen bajo su protección y manto o por su abandono.

Desde su nacimiento cada ser humano tiene principio en una mujer y, tal vez, en cada suceso importante de su historia personal, ha tenido influencia su mano tierna o su calcañar furioso.

Matriarcas, como Sara, heroínas, sabias, hechiceras, músicas, poetisas, bailarinas, como Isadora, sopranos, como Sarah Brightman, mártires, guerreras, amazonas, científicas, como María Curie, premios nobel, como Gabriela Mistral, solteras o casadas, reinas, emperatrices, o jefes de hogar o madres solteras o trabajadoras del campo. Cada mujer sobre la tierra merece un sitial sea cual sea su rango. Su sola condición, por el olvido, la segregación a que ha sido sometida, la discriminación en el trabajo, por la doble esclavitud que ha padecido a través de todos los siglos, debe ocupar un espacio en las páginas de Historia.

Cuántos heridos han sido aliviados por sus cuidados, cuántos hijos perdidos se han hallado y vuelven a la vida, cuantos hogares se ha levantado y sobrevivido por su empeño. Cuántas lágrimas han gastado ellas para arrancar de la maldad a esposos e hijos, cuánto sueño han ennegrecido sus ojeras por cuidar enfermos y cuántas guerras se han ganado por su intermediación y trato suave de las situaciones.

Ha habido, ciertamente, mujeres que han cambiado sus encajes y han emulado con el músculo y las hieles a los hombres. También se han dejado seducir del oro y los diamantes, de la venalidad, la codicia y el poder. Como Herodías que azuzó a su hija Salomé para que pidiera servirle en una bandeja la cabeza del Bautista.

Pero ha habido Safos, Hipatias, Reinas Victoria, Juanas de Arco, Szymborskas, Marías Cano, Cacicas la Gaitana, Meryls Streep, Bernadettes Devlin, la Merkel en Alemania, Meira Delmar, María Callas, la môme Piaf y tantas madres incógnitas y relegadas por sus maridos en los oficios de la casa. Y habrá mañana muchas más mujeres y hombres – que ellas harán valiosos, con sangre y cuidados, poesía y su arrullo junto al seno -.

04-03-12 – 12:15 p.m.
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