
“Las caricaturas se refieren a acontecimientos y a personajes a los que se asignaba un valor significativo entendido dentro de un alud de otros hechos o de otros personajes”, escribió Germán Colmenares. El caricaturista tiene el ingenio del humor, malicia o traza lo ridículo en torno a acontecimientos o personajes, frente a lo que se plantea en el mundo de la sociedad y la política. El caricaturista tiene el ingenio para deformar la mirada desde la duda y la crítica. Ahora bien, una caricatura puede dar al traste con las decisiones políticas o hacer luminoso aquellos aspectos que encubren algo que quienes se encuentran en el curubito del poder no quieren que se sospeche o se dude. El caricaturista puede caer en desgracia porque su quehacer desdibuja aquello que se pretende sostener como lo verdadero. Entonces, la caricatura que abre una nueva forma de ver es rechazada, mucho más si toca los hilos del poder.
Recuerdo como los días domingos salía al parque y compraba el periódico. Me encontraba con Tarzán de bejuco en bejuco, a Mandrake con Narda o Superman y la kriptonita. Eran las historieta o comic narrando con imágenes, hechos y episodios en dibujos y textos. Viene a mi memoria Condorito, historieta que no tiene el rasgo de la heroicidad, sino que plasma la imagen de un personaje en un mundo contradictorio y hasta divertido. Y entre ese mundo de historietas y comic me encontré un día con Mafalda. Una niña con los compañeros de su entornó que viven, no en el mundo irreal de la historieta, sino en la realidad social y política, como se traza en:

Y en las paredes de las calles no hay ningún inconveniente con los avisos comerciales. La cuestión se hace problemática y censurable con los grafiteros y mamarracheros. Con brocha, pintura o spray se mancha el muro o la pared con algo que se oculta. En un país donde no hay trabajo crece la informalidad. Los grafiteros generan trabajo por parte de la autoridad, el ofendido o el maltratado, dado que hay que comprar elementos: sustancia que borra, llevar escalera cuando el mamarracho está por lo alto y que el muro vuelva a su estado original sin un chisme. Porque, ¿cómo es posible que las paredes y muros, que deben ser lugares de respeto y de limpieza, hagan temblar la buena conciencia de la vida ciudadana?
La caricatura, la historieta y el grafiti liberan, diluyen el manto de lo respetable, borran el miedo. Causan risa o un hp… Ponen entre paréntesis las relaciones de dominación. Si bien la tolerancia se suele esgrimir como garantía del juego democrático, la imaginación lleva a algo distinto. La censura no interviene sólo con la tijera; recurre a otros métodos.
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