
Es muy grave que ocurran determinados acontecimientos violatorios de la legalidad y nada pase. Si los malos ejemplos hacen carrera, el destino de los valores humanos y las certidumbres se derrumban junto con el orden jurídico, las normas y la fe en las decisiones populares.
Acaba de registrarse en Brasil algo desconcertante: un candidato pidió que se extendieran las votaciones y un magistrado de su confianza y muy amigo así lo autorizó, por 2 horas más, cuando ya algunas urnas estaban cerradas y las horas de votación habían terminado. ¿Qué tal que esto empezara a copiarse en todas las elecciones en el mundo y qué tal que esto algún día quisiera aplicarse en nuestro País? Sería gravísimo; una medida de esta naturaleza podría, como ya lo dijo un comentarista en el pasado, hasta provocar una guerra civil.
Si algo produce intensas discusiones es todo lo relativo a las normas electorales, pues cuando ya se han fijado y el certamen se desarrolla bajo esas normas, está prohibido cambiarlas durante la votación y menos al finalizar los comicios.
Claro que aquí en Colombia se robaron un plebiscito y nada pasó. Ha sido un antecedente que estará siempre presente en la historia política y jurídica del País, y los peor es que lo avaló la Corte Constitucional de esa época, cerrando así el círculo de la arbitrariedad.
En América ya se vieron casos parecidos en los gobiernos de Chávez y Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua y los Castro en Cuba. Tengo la impresión que Petro, como presidente, algo preparaba con sus permanentes expresiones sobre posible fraude en las elecciones presidenciales, creando un ambiente para eventuales acciones del gobierno para intentar “salvar la democracia”. Creo que sí hubo intenciones y que fueron frustradas por la acción enérgica y de carácter de nuestro Registrador Nacional, Hernán Penagos, que incluso ahora tiene hasta amenazas de muerte que no sabemos de donde vengan.
A pocas horas de las elecciones de medio término en Estados Unidos, esperamos que el presidente Trump logre la victoria con su Partido Republicano, ya sea en las dos Corporaciones, Senado y Cámara, o por lo menos que gane una de ellas, para que evite obstrucciones o juicios políticos sin pruebas, como ocurrió en el pasado y que terminan a favor de Trump, pero producen un innecesario desgaste en las labores del gobierno.
Creo que Trump está defendiendo los valores de Occidente y limitando al máximo la injerencia de Rusia y China en el mundo occidental. Tiene una estrategia dura para muchos, pero forma parte de la manera de negociar que le ha dado resultados. Por ejemplo, empieza diciendo que va a tomarse Groenlandia y desata críticas y controversias, colocando el tema en la cúspide de la discusión internacional, y después, en las negociaciones, termina obteniendo lo que realmente quería.
En el caso de Groenlandia, su querer real era limitar la influencia de China Y Rusia y afirmar la presencia militar de Estados Unidos allí, por ser un enclave esencial por su situación geográfica en el caso de un conflicto mundial; es decir, lo que quería era garantizar la seguridad de Estados Unidos y América, y lo logró, con una negociación y acuerdo con Dinamarca y Groenlandia.
Otro caso igual fue con Panamá, donde influencias externas ya estaban tomando mucha acción de dominio sobre el Canal. Trump, con su estrategia, alborotó la opinión mundial y logró quedarse otra vez con una mayor influencia administrativa del Canal y limitó las extensiones de China y Rusia. Otro triunfo para toda América, por la posición estratégica esencial de Panamá en la geografía global.
Así van sucediendo las cosas y algunos ya empiezan a entenderlas. Lo que está sucediendo en Europa hoy es la demostración de que Trump ha tenido la razón desde hace 10 años, cuando lanzó sus primeras advertencias sobre la forma soterrada e ilegal como se estaba invadiendo a Europa.
Para las decisiones políticas y la toma de acciones se necesita valor y carácter, y no tener que escuchar después arrepentimientos tardíos cuando el daño ya está hecho.
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