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Lunes, 12 de octubre de 2026

La ‘Alerta Rosa’ se construye en comunidad

La ‘Alerta Rosa’ se construye en comunidad

La experiencia piloto de la Fundación Tengo Ganas en Santander de Quilichao demuestra que la apropiación comunitaria y los enfoques diferenciales fortalecen la efectividad del Sistema Nacional de Búsqueda Inmediata de niñas, niños, adolescentes y mujeres desaparecidas, conocido como ‘Alerta Rosa’. Así fue la implementación de una estrategia comunicativa y pedagógica desarrollada con el apoyo de la ONG Comisión Colombiana de Juristas.

La ‘Alerta Rosa’ se construye en comunidad

Por: Olga Portilla Dorado
Fundación Tengo Ganas

La desaparición de niñas, niños, adolescentes y mujeres sigue siendo uno de los fenómenos que más preocupa a las comunidades y a las instituciones en Colombia. Sin embargo, la respuesta ante estos hechos no puede limitarse a la activación de un protocolo institucional. La experiencia desarrollada en Santander de Quilichao demuestra que la efectividad del Sistema Nacional de Búsqueda Inmediata de niñas, niños, adolescentes y mujeres desaparecidas, conocido como ‘Alerta Rosa’ dependerá, en gran medida, de su capacidad para llegar a los territorios, ser apropiado por las comunidades y reconocer las particularidades de las poblaciones más vulnerables.

“La efectividad de la Alerta Rosa no depende únicamente de la articulación interinstitucional, sino de la apropiación social; no basta con informar, debemos enseñar a actuar”, afirmó Oscar Mauricio Casaran, representante legal y director de la Fundación Tengo Ganas.

Bajo esa premisa, la organización, con el apoyo de la ONG Comisión Colombiana de Juristas (CCJ), emprendió un proceso de construcción colectiva con comunidades étnicas, infancias y adolescencias, instituciones, organizaciones sociales y actores culturales para desarrollar herramientas que permitieran apropiar conceptos y rutas para prevenir y responder de manera oportuna ante situaciones de desaparición, reclutamiento y otras violencias.

La ‘Alerta Rosa’ se construye en comunidad

(…)“No, no, yo no me voy con extraños. No, yo no me voy si no sé quién eres. Pero si me llevan, que se active la Alerta Rosa pa’ que sepan dónde estoy…”, esta es parte de la letra de la ronda infantil ‘Yo no me voy’, uno de los 38 productos comunicativos y pedagógicos que se crearon en el marco de este proyecto.

Además de la ronda infantil, las y los participantes crearon spots sonoros, una canción, cuñas radiales, cuentos animados, historietas, afiches y una obra de teatro que se estrenó hace unas semanas en Santander de Quilichao y que tuvo gran acogida entre la comunidad del municipio que asistió al evento de lanzamiento. Estos productos comunicativos buscan explicar el funcionamiento de la Alerta Rosa, las rutas de actuación, la articulación entre instituciones y comunidades, así como los mitos y la desinformación que dificultan la búsqueda de personas desaparecidas, de manera fácil y pedagógica para los públicos mencionados.

“Para nosotros más allá de los productos, que son importantes, tienen una gran calidad y se hicieron con amor y respeto, destacamos el proceso de cocreación y articulación con las comunidades, porque esto les permitió reconocerse como actores fundamentales en la protección de las niñas, niños, adolescentes y mujeres”, agregó el director de la Fundación Tengo Ganas.

La importancia de construir la búsqueda desde el territorio

La ‘Alerta Rosa’ se construye en comunidad

La producción de los elementos de la campaña de comunicación se cocreó y difundió con el objetivo de llegar a todas las personas que buscan respuestas efectivas frente a la búsqueda inmediata de sus allegados con un enfoque territorial. Para Ana María Rodríguez Valencia, directora de la Comisión Colombiana de Juristas, CCJ, el trabajo realizado con la fundación Tengo Ganas permitió evaluar los riesgos y el nivel de conocimiento que las personas en Santander de Quilichao tenían sobre las herramientas y las estrategias de engaño usadas para atraer a las niñas, niños, jóvenes y mujeres, y que derivan en desapariciones. Asimismo, se indagó por el conocimiento de estos actores sociales sobre las rutas que deben activarse y las entidades a las que hay que acudir para prevenir la materialización de una desaparición o para denunciarla de manera inmediata.

“Esta ha sido una apuesta super importante, y lo comunicativo juega un rol protagónico ya que se difunde el trabajo que estamos haciendo no solo con funcionarios e institucionalidad, sino el trabajo concreto que se está haciendo con grupos de niñas, niños y adolescentes, con enfoque étnico (afros e indígenas), para así identificar de manera más clara dónde están estos riesgos, pero también poner la alerta para tratar de aumentar la prevención de este tipo de delitos”, señala Rodríguez.

En ese sentido, la territorialización de la Alerta Rosa y la estrategia piloto implementada implicó reconocer las particularidades sociales, culturales y geográficas de cada lugar, pero también generar confianza y corresponsabilidad entre las instituciones y las comunidades.

La ‘Alerta Rosa’ se construye en comunidad

Marta Lucía Flor Dagua es investigadora comunitaria y coordinadora del área de incidencia política de la Fundación Empoderarte, una de las organizaciones con las que trabajó la Fundación Tengo Ganas en este proceso. Para ella, el resultado más importante y significativo de la campaña de comunicación y pedagogía fue lograr posicionar el tema en la opinión pública de Santander de Quilichao.

“Generar esos procesos de pedagogía comunitaria permitieron conocer la existencia de la Alerta Rosa como un tema de la cotidianidad que todos debemos manejar. Eso es lo importante, que el mecanismo empieza a hacer parte de lo comunitario, que la comunidad empieza a saber que se puede unir para activar la Alerta Rosa cuando se necesite, y de esta manera fortalecer la corresponsabilidad social,”, indicó Flor.

Asimismo, para Oscar, líder de la Fundación Tengo Ganas, uno de los principales logros de este proceso fue la participación de las comunidades en la cocreación de las estrategias de información y comunicación para contribuir a la sensibilización y prevención frente a las distintas modalidades de desaparición y al reclutamiento, uso y utilización de NNA en el conflicto armado.

De esta manera, el éxito de esta estrategia piloto radicó en la cercanía y los niveles de confianza que generó la organización local en el territorio y con los diversos actores, también en la adaptación y la experiencia para trabajar con comunidades indígenas y comunidades afro; y por supuesto en la planeación del proceso de formación e incidencia que desarrollaron con actores institucionales. Así, el arte, la comunicación y el tejido de relaciones y conocimiento hicieron que hablar de estos temas difíciles se convirtiera en algo cotidiano para ellas y ellos, y que se generara un impacto positivo para concientizar los riesgos existentes y trabajar en la prevención y actuación.

Un trabajo y una búsqueda con enfoque diferencial

La ‘Alerta Rosa’ se construye en comunidad

El Protocolo de actuación de la Alerta Rosa establece que la búsqueda debe desarrollarse desde un enfoque diferencial e interseccional, reconociendo factores como la edad, el género, la pertenencia étnica, la orientación sexual, la discapacidad y el contexto territorial de las víctimas. Por ello, la experiencia piloto de la Fundación Tengo Ganas priorizó el trabajo con dos comunidades: adolescentes afrodescendientes de la Institución Educativa La Arrobleda y niñas y niños indígenas de la Institución Educativa Nasa Kiwe Tekh Ksxaw.

Estos enfoques permiten identificar riesgos específicos y adoptar respuestas más adecuadas a las realidades de cada población. Así lo establece el Protocolo, indicando que, si se trata de una persona con pertenencia étnica, se debe contactar a las autoridades comunitarias, resguardos, cabildos o Kumpanias, así como verificar si la desaparición ocurrió dentro o fuera de su territorio, indagar si estaba en situación de desplazamiento. Y así, otra serie de pautas para otras poblaciones de especial atención y protección.

Para el caso de desaparición de las niñas, niños y adolescentes algunas de las pautas recomendadas (en las primeras tres horas y de acuerdo con el Protocolo de Actuación de la Alerta Rosa) consisten en inspeccionar el vecindario, dialogar con compañeros de estudio, revisar perfiles de redes sociales y consultar antecedentes de violencia intrafamiliar. Y con las mujeres, es importante indagar si está embarazada, si es víctima de violencia, si se ha divorciado recientemente, si tiene alguna orientación sexual diversa; trabajo que no debe nacer solo de la urgencia e interés que tenga la comunidad, sino que debe guiarse y acompañarse en el marco de las acciones realizadas por los Equipos Locales de Búsqueda.

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Sin embargo, así como estos enfoques son una herramienta para agilizar la búsqueda, para el Ministerio de Justicia y del Derecho, también representan un desafío para las entidades e instituciones.

“Implica que las entidades deben generar las garantías suficientes para establecer unos diálogos de articulación con las autoridades propias en aquellos territorios étnicos donde se reporten niñas, niños, adolescentes y mujeres desaparecidas. Ahí hay un reto importante y es cómo establecer esos diálogos, cómo dar mayores garantías que tengan como resultado una articulación entre autoridades propias y las entidades del orden nacional y territorial”, afirmó Juan David Villalba, director de Justicia Transicional del Ministerio de Justicia y del Derecho.

La experiencia desarrollada en Santander de Quilichao demuestra que la búsqueda de personas desaparecidas empieza mucho antes de activar un protocolo. Empieza cuando una comunidad conoce los riesgos, reconoce las señales, sabe cómo actuar y entiende que proteger la vida también es una responsabilidad compartida.

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