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Sábado, 10 de octubre de 2026

La actitud es todo

La actitud es todo
La actitud es todo
Imagen: https://x.com/i/grok

Alfonso Luna Geller

Obviamente, no soy psicólogo, ni psiquiatra, ni especialista en orientación humana, no soy “doctor” en nada, simplemente soy papá y abuelo, en ejercicio dinámico, con una formación experta en familia en la que he invertido casi 74 años.

Por aquello de la educación natural, instintiva, espontánea, auténtica, a mis nietos quiero expresar algo que me preocupa frente a la vertiginosa velocidad de las tecnologías, y que por el atrapamiento en que pueden caer por la intensa novedad que conllevan, incluyendo redes sociales y el cautiverio digital disfrazado de juegos, parece que no nos escucharan, que no les interesara lo que podemos aportar los abuelos, que no tuvieran tiempo para asuntos espirituales o intelectuales, que son los que dan sentido a la vida del ser humano.

Ha sido una lucha hacerles caer en cuenta que esa fascinación compulsiva que nace de un celular o de una pantalla de escritorio, podría utilizarse combinadamente para el conocimiento, y también para la recreación, claro. Ninguno de los extremos es ideal (fíjense que no solo en política los extremos son viciosos).

Por eso, puedo aconsejar. Lo que tengo que enseñar lo he aprendido en la vida práctica, tropezándome y saliendo a correr de nuevo, recreando, estudiando, leyendo diariamente, y escribiendo, de hecho, por mi formación militar y académica, aprendí a transferir excelencia profesional a mis hijos. Hoy los veo, los admiro, los acompaño y me hacen orgulloso y feliz.

Se me va a acabar el espacio y no he dicho lo que quería decir, que la actitud es todo.

Entonces, para el éxito, no se trata de consultar un manual de convivencia hogareña, menos, alguna guía de normas personales para cultivar actitudes, porque el resultado ha sido una construcción colectiva entre todos, padres, hijos, y demás familiares. Es la actitud que está en el ambiente, no sistematizada, que se ejerce igual que la función de alimentarnos, respirar o descansar.

Es la actitud frente a la vida. Lo importante de la vida del ser humano es su actitud frente a la vida, su identidad, que debe ser sólida y coherente. Esto significa que la persona, para ser familiar y socialmente valiosa, debe tener una disposición mental y emocional que le permita interpretar lo que ocurre a su alrededor y decidirse por la respuesta más adecuada. Pero, para lograrlo debe fortalecer constantemente sus conocimientos y aplicarlos con reflexión crítica, con aptitud.

No confundirse: la actitud de la persona es la que proyecta dignidad y elegancia moral, principalmente frente a la adversidad. Es honestidad intelectual, orienta la acción, define el sentido profundo de cada decisión.

La actitud es formación, la aptitud es educación. La primera es enseñanza familiar, ética y cultural. La segunda es estudio, lectura y análisis crítico. Su combinación es experiencia enfrentada con responsabilidad y coherencia entre pensamiento y acción.

El ser humano, toda persona, debe saber ejecutar las acciones cotidianas que le corresponden, con serenidad y firmeza, porque eso le da estabilidad en contextos cambiantes y permite construir reputación.

Así es como vamos construyendo los cimientos invisibles de la personalidad, integrando capacidad cognitiva, sensibilidad, destreza técnica y disposición sostenida hacia una actividad, para incrementar la eficacia en el trabajo y la calidad de los resultados.

Mejor dicho, la actitud adquiere trascendencia cuando se articula con la aptitud, que es el conjunto de habilidades, conocimientos y experiencias que una persona posee y que puede aplicar en distintos ámbitos de la vida.

Esa mixtura actitud-aptitud es lo que la gente llama “talento”, energía vital que combina lo innato con lo aprendido para formar la personalidad integral del ser humano. Su importancia radica en que nos permite trascender como individuos y como sociedad, aportando valor, identidad y progreso. Se adquiere con predisposición y aprendizaje, y se cultiva con disciplina, creatividad y propósito.

Si me acompañaron hasta aquí, cosa que les agradezco, los invito a retomar la inquietud que me motivó a reflexionar sobre esto: el consumo digital absoluto por parte de los nietos.

Es que veo que dedican casi la totalidad de su tiempo a redes sociales o videojuegos. No hay nada de malo en el ocio, pero el problema surge cuando estas plataformas actúan como «agujeros negros» de atención. Al estar capturados por el algoritmo, se niegan a sí mismos la oportunidad de cambiar de actitud.

Lo grave del asunto es que quien no gobierna su tiempo, no puede gobernar su actitud. Y sin una actitud de búsqueda, esfuerzo y paciencia, las aptitudes —esas herramientas que les permitirán ser libres y autosuficientes en el futuro— simplemente no se desarrollan.

A mis nietos y a su generación, el mensaje es este: las pantallas pueden ser una ventana al mundo o un muro que los encierre. Usen la tecnología para construir sus talentos, no para que el talento se oxide mientras miran cómo otros viven. Cambien la actitud de «espectador» por la de «creador»; solo así la aptitud florecerá y el futuro dejará de ser algo que les sucede, para convertirse en algo que ustedes mismos diseñan.

Esa actitud, que es el «querer», es el motor que permite desarrollar la aptitud, que es el «poder», es decir, las habilidades técnicas, conocimientos y capacidades para realizar la tarea cotidiana.

Por eso es que decía que la actitud es todo.


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